El soul es, creo yo, una actitud a la hora de cantar y cierta forma de componer canciones, antes que una instrumentación determinada o un simple sello de estilo.
Simphiwe Dana es una buena muestra de lo que se podría llamar soul africano. Viene de Sudáfrica, tiene una hermosa voz, y como Ayo, se apresta a a triunfar de nuevo con su segundo disco.
En su página de myspace se pueden oir varias de sus canciones, una interesante y fluida mezcolanza de estilos que suena natural y atrayente. Cosa que por cierto no se da en España, donde las escasas discográficas nacionales interpretan el cruce de caminos musicales como poner un coro gospel detrás de un flamenquito cantando estándars pop. En fin, mejor perdernos en la elegancia sonora de esta interesante cantante.
Sealpuede presumir de una amplia trayectoria profesional. Se inició como cantante de un lejano hit de música electrónica de 1990. Ya por entonces sorprendía el timbre rasgado de su voz. Inició luego su carrera en solitario bajo la producción de Trevor Jones (el cerebro de Video Kills the Radio Star y creador de los Frankie Goes to Hollywood) obteniendo un éxito mundial con su "Crazy". Se mantuvo luego mal que bien en el panorama musical, con ayudas puntuales de la banda sonora de cierto chalado enmascarado, y algún que otro LP fracasado. Por eso, que a estas alturas lanzara un álbum de versiones de clásicos entre los clásicos del Rythm and Blues, y que se atreviera a llamarlo simplemente “Soul”, no podía dejar de sonar un tanto sospechoso. Y más, por mi parte, cuando la primera canción del LP y además su primer single es el clásico por excelencia de la música negra y seguramente la canción más versioneada en la historia del soul: nada más y nada menos que A Change is Gonna Come, del inmenso Sam Cooke. Pero… tenía que oír el álbum, porque desde luego la voz de Seal merecía ese margen. No voy a hacer reflexiones sesudas ni análisis profesionales: solo diré que “Soul” es contra lo que se podía esperar un respetuoso recorrido por la música negra del siglo XX, donde la producción se olvida de efectos hip-hoperos (no hay nada peor que intentar “modernizar” un clásico a base de caja de ritmos). y recupera (por fin) el sonido orquestal. Y su autor sabe no sólo mantener el tipo, sino que seguramente realiza, con su privilegiada garganta, algunas de las mejores versiones realizadas hasta la fecha, de canciones que (no lo olvidemos), por su estatus de estandars , lo ponen siempre muy difícil a los osados que se atreven con ellas. Si os gusta el soul, comprarlo en Amazon. O en ITunes. O pedirlo prestado. O buscadlo en la red.
Pos-post: Pero la joya, en mi opinión, de este álbum es la versión de una canción del sonido Filadelfia que es puro oro líquido, y que la foca sabe bordar.
Cuando el soul transpasa fronteras, muchas veces se desdibuja para convertirse finalmente en una caricatura de sí mismo. Para ser concreto, me refiero esas aprendices de Aretha Franklin o Whitney Houston que pueblan las tierras europeas y que no son capaces de cantar media estrofa sin quebrar la voz o soltar un alarido para demostrar que llevan dentro el soul, el alma negra, y demás monsergas. Y lo mismo se puede decir de los aprendices de Ray Charles, que los hay, si bien este tipo de clonación suele afectar más a las jóvenes doncellas que a los tiernos efebos. Ayo no pertenece, afortunadamente, a esta categoría, ya que desgrana sus canciones con sensibilidad y sosiego, adaptada a las características de su propia voz, sin pretender ser una soulwoman por encima de todo. Y así logra triunfar en cada canción. Y tras oir su muy interesante LP de debut no dudo de que puede hacer muchas cosas con su voz, pero que prefiere atenerse a las canciones, y no al revés. Hija de nigeriano y rumana, nacida en Alemania, su primer album es, creo yo, de obligada escucha para todo el que tenga un poco de tiempo entre internet, hamburguesas, parques infantiles, parques temáticos, politonos, horas extras y crisis económica. Y en su página de myspace, podemos también oir una muestra de su nuevo LP, el segundo.
Purple Rain es uno de los clásicos inmarchitables de la década de los ochenta. En vivo, Prince realizaba frecuentemente (realiza todavía) majestuosas versiones en las que desplegaba su apabullante dominio de la guitarra eléctrica. Ésta es una de las mejores, realizada en Nagoya (Japón)
Aunque tampoco incomoda actualizar este clásico con un poco del muslamen (perdón, sex-appeal) y la impresionante voz de Beyoncé.
... vamos a ponernos románticos. O por lo menos, melancólicos. Un día completo de nieve sin salir de casa pone a uno en la situación mental perfecta para oir al gran William Bell y su clásico: I forgot to be your lover.
Sitúense por un momento. Navidades de 1968. USA. En el Billboard reina el sonido motown. Los Beatles siguen sacando sus hermosos discos de pop biempensante. Simon y Garfunkel ya han comenzado a arrasar con sus dulces melodías. Sinatra sigue en la cresta de la ola. Elvis todavía sigue siendo Elvis. Un norteamericano medio cualquiera, blanco, anglosajón y protestante, enciende desprevenido su televisor, dispuesto a relajarse un poco viendo el night show decano de la televisión estadounidense, el show de Ed Sullivan. Y entonces, de repente, se encuentra esto:
Allí se encontraba, dos años antes de que empezaran, todos los años setenta a nivel musical (y parte de los ochenta): El funk. El p-funk. Prince. El rock-soul. El deep funk. George Clinton. Todo. Sólo un genio arrasador como Sly Stone podía fusionar y anticipar toda una década musical, y además, sonar en directo como sonaba con su increíble banda (¿han oído alguien que suene así en una actuación televisiva?). Durante siete años Sly and the Family Stone no solo estuvo a la vanguardia de la música negra, sino que supieron prestar las ideas que luego desarrollarían otros en los siguientes quince años. Desde finales de los setenta, y hasta hoy, Sly vive colgado de las drogas, con frecuentes estancias en clínicas de desintoxicación, sin ni siquiera poder hacer un regreso o revival con fines económicos. Pero eso no quita grandeza a su aporte, y sobre todo, a sus increíbles canciones, de las que les dejo una pequeña muestra a continuación.
Pos-post: Las versiones de las creaciones de Sly Stone sido continuas, y más de uno le sonará la que suena en el vídeo, ya que se utilizó para la escena final del primer Shrek.
Las británicas Marsha Ambrosius y Natalie Stewart son las creadoras y componentes de este elegante combo soul. Voces personales, composiciones originales y producción refinada y lejos de efectismos, componen un cóctel que, contra lo que se podría esperar, tiene en sus surcos mucho de la esencia del soul más clásico. Con ya tres LP's a sus espaldas, han sido también compositoras para otros artistas, incluído. sí, Michael Jackson.
Sí, de acuerdo, lo admito,la música disco setentera puede resultar, escuchada hoy, intragable. "Disco sucks" fue el lema que se popularizó en los postreros años setenta. La saturación según cuentan era insoportable por aquella época, encendías la radio y todo sonaba con el mismo chumba-chumba, la imaginación había desaparecido. Luego, en los ochenta, llegaron la new wave, el tecno, el house, etc, y el sonido disco pasó a la historia.
Pero no. No todo fue realmente como se cuenta. No todo fue Saturday Night Fever, o los Village People montando su show. Hubo un grupo seminal, que prácticamente inventó el estándar de la música disco, la llevó a un nivel de calidad inigualable, sembró la semilla del rap y el pop bailable moderno, y nos dejó un ramillete de deslumbrantes canciones que han resistido el paso del tiempo con pasmosa facilidad. Me refiero, por supuesto, a CHIC, el grupo de Bernard Edwards (bajo), Nile Rodgers (guitarra) y Tony Thompson (batería), que masacró los charts musicales con sus creaciones, revestidas de una elegancia sonora, de una pulcritud en la producción y de un virtuosismo en la ejecución difícilmente igualados en las décadas posteriores. Una fórmula sencilla pero difícil de hacer sin el talento necesario para ello: una batería rotunda, un bajo omnipresente y genial y una guitarra eléctrica llenando cada intersticio sonoro de sus creaciones. Añade unos elegantes violines y una voz femenina, y los éxitos se sucederían uno tras otro. Canciones comerciales, incluso (por qué no) intrascendentes, destinadas tan sólo a bailar y divertirse, sin duda.. Pero grandes canciones, magníficamente diseñadas y ejecutadas. Y que asumían su condición de mero divertimento, frente a tanta fingida profundidad del rock actual. Y además seguramente resultaría insoportable para todo mortal en sus cabales estar todo el día escuchando a Marlango, a Amaral o incluso a Beethoven [alerta comentario políticamente incorrecto]. Basta con escucharlos (ojo, son canciones con más de treinta años!) para dejarse llevar.
CUANDO ERA PEQUEÑO, yo creía que de mayor quería ser un gran hombre, un gran investigador o científico. Cuando fui adolescente, pensaba que cuando fuera mayor quería ser alguien brillante y atractivo. Cuando era muy joven, pensaba que quería tener una bonita casa y un buen coche cuando fuera mayor. Estaba equivocado. Ahora ya sé lo que quiero ser cuando sea mayor.
Sólo quiero moverme como ellos. Y, por supuesto, cantar como ellos.
Por algo se habla de "soul incandescente" cuando se menciona a Sam and Dave. Y escuchen ese torrente de vientos en directo (era una una gira europea en 1967). ¿Cómo no se iban a volver locos los ingleses?