A poco que se lea este blog es fácil deducir mi predilección por el soul de los años setenta. ¿Y por qué? Quizás porque fue entonces cuando las baladas soul alcanzaron un grado de sofisticación instrumental y calidad de composición no superado desde entonces. Tal vez por la enorme variedad de estilos que convivieron juntos, desde el philly sound al sonido motown setentero, desde el miami sound al p-funk, etc. Puede que por la alta densidad de elegantes y aterciopeladas voces solistas.
Y sin duda alguna porque, a poco que se pasee por internet, uno puede encontrar todavía maravillosas joyas como ésta:
Hay cantantes que tras conseguir tocar la gloria con las manos, logran mantenerse en un (aunque parezca contradictorio) destacado segundo plano dentro del panorama musico-comercial. Betty Wright es seguramente una de ellas.
Soulwoman forjada en los años 60, alcanzó el éxito y el reconocimiento en los años 70 (Grammy incluido), destacando un magnífico LP (I Love the Way You Love), en el que se incluía lo que sería un clásico soul para la historia, Clean Up Woman. Su riff de guitarra rítmico y saltarín, más la hermosa voz de Betty justifican su status.
Y en los años ochenta, esa terrible década para la música negra en la que primó la imagen y el márketing sobre sobre la voz y el talento, supo mantenerse con dignidad artística e incluso obtener algún que otro superventas sin caer en el pop-chicle facilón en el que se hundieron muchas colegas suyas. (Alguien pensará, ¿pero no fue en los ochenta cuando un negro vendió cuarenta millones de discos? Sí, pero lo que ese negro empezó a hacer a continuación fue blanquearse hasta parecerse al hombre elefante). Y puede resultar curioso hacer un ejercicio de comparación entre la portada del disco mencionado antes de Betty Wright, y, por ejemplo, la portada del ultimo single de Janet jackson, diva soul donde las haya.
El primero es una portada cutre de los setenta, foto desenfocada y muy poco favorecedora, color rojo chillón... pero que aun así transmite por la expresión del rostro de la señora Wright.
El segundo (la Jackson), treinta y cinco años después, es técnicamente perfecto, brillante, impactante, sí... Pero ¿qué transmite...? En mi opinión, una carga sexual evidente (lo cual me encanta), pero pasada por múltiples tamices, procesada, ajustada, aligerada, condensada... vaciada al fin y al cabo (puestos a hablar de portadas sexys, comparar con ésta otra). La portada de Janet Jackson es un maravilloso envoltorio, pero que no transmite nada... Y si dejamos las portadas a un lado y pasamos a comparar el contenido de los LPs, las conclusiones, ay, son inevitablemente las mismas...
Pos-post: Actualmente Betty Wright sigue en activo, y de hecho es la descubridora de la pujante Joss Stone.
Ruthie Foster no tiene el cuerpo de Rihanna. Ni la voz y el glamour de Beyoncé Knowles. Ni la fama y el divismo de Janet Jackson. Difícilmente vaya a ganar un Grammy, o vender millones de discos. Pero Ruthie Foster canta soul, o country traspasado de soul (que es casi lo mismo). Y lo hace con sencillez y cercanía, sin aspavientos, sin coreografías espectaculares ni una hora de maquillaje previo a cada aparición pública. Sin escotes atractivos ni parrafadas de rap entre cada estribillo. Ella sólo canta. Y sin nada de lo mencionado antes, consigue en muchas canciones reconciliarnos con la música, y hacernos volver a creer que es algo más que brillantes producciones o singles adictivos, que es algo más que dinero, productores estrella y Billboard.
En el año 1997, un cantante novel anglo-canadiense firmaba con tan sólo 19 años por la mítica discográfica Motown ( sí, sigue existiendo a duras penas). A partir de ahí, pasó más de tres años trabajando para elaborar su primer disco, en el que tocaría todos los instrumentos, y en el que sería el compositor y productor de todas las canciones. Hasta aquí nada más que las excentricidades de un jovencito enamorado de la música negra pretendiendo emular a Prince…
Lo extraordinario fue el resultado: “The Way I Feel” es una soberana pieza maestra, donde no sobra nada de nada, y en la que, cuando nos introducimos, nos podemos sentir retornados treinta años atrás, al mejor momento de la música negra. ¿Nostalgia? ¿Revival? No, hay algo más: las canciones de Remy Shand son magníficas por sí mismas, y no porque su instrumentación o su impresionante falsete nos remita a otras épocas (que lo hace). Y la producción de las mismas es detallada, ajustada, sugerente… cautivadora al fin.
Una muestra de que se puede tomar un sonido determinado o una época musical como modelo, y a la vez hacer un LP personal y brillante. Oir “The Way I Feel” es un completo placer de principio a fin, con varias perlas que riegan el camino.
Parece ser que el señor Shand no tiene prisa, y lleva ya más de cinco años preparando su nuevo LP. Si consigue el mismo nivel que en su opera prima, la espera habrá valido la pena. Será cuestión entonces de comprobar si es capaz de una carrera coherente, o simplemente habrá sido una anomalía dentro del adocenado panorama musical que nos rodea. Mientras tanto, podemos disfrutar una y otra vez de sus brillantes canciones.
Tal vez sea un tópico a estas alturas hablar de Aretha Franklin. Pero leí hace poco en algún lugar que se cumplen 40 años del LP que la catapultó a su trono, ("Lady Soul", 1968), y no pude evitar pensar en la frase que titula este post. Porque sí, Aretha es una reina en el exilio.
Lo fue todo, el alfa y omega del soul, la voz más vibrante y emotiva de la música negra, pero lleva ya treinta años sin hacer un disco soul.Su carrera fue esplendorosa desde la segunda mitad de los sesenta y durante buena parte de los setenta, con un manojo de clásicos inigualables por composición, instrumentación y, por encima de todo , por su inimitable estilo de cantar desde lo más profundo de su alma. Sparkle fue su último disco que hacía honor al género. Producido por el gran Curtis Mayfield, tenía pequeñas grandes joyas como ésta. Luego, a partir de ese momento, la mediocridad. Discos insustanciales, uno tras otro, embebidos del mainstream más insulso, perdidos en el pop absurdo y en composiciones que quieren sonar a soul. Tal vez sería difícil para ella hacer en el 2008 lo que hacía en los sesenta.
O tal vez no. Bastaría una composición simple y directa. Un bajo que marque el ritmo. Un piano sin florituras. Unos vientos omnipresentes. Y su voz haría el resto, es decir, poner el alma. Es decir, todo.
Mientras que eso no llegue (y ya le queda poco tiempo para hacerlo), sus admiradores seguiremos esperando a que la reina Aretha vuelva a casa.
Stevie Wonder tiene ya 57 años. Tal vez, sí, ya ha pasado su mejor momento musical, y sus discos no tienen la repercusión ni el nivel artístico de antes.
Pero, si hubiese que elegir las diez mejores canciones de la década de los setenta, tres o cuatro serían posíblemente de este precoz genio. Es difícil olvidar que, él, y no otro, supo experimentar sin ningún tipo de temor, abrir nuevas rutas musicales y crear una obra de una envergadura envidiable. Y a poco que rebusquemos entre su insigne discografía, podemos encontrar joyas inmarchitables como ésta:
En el 2005 editó su último disco, "A Time to Love" , que mejora el nivel de los tres últimos, y, sin ser una obra maestra, guarda más de una perla. Ya tan sólo en el single, "So What The Fuss", con sus amigos Prince y B.B. King a las guitarras, (más unas poderosas En Vogueen los coros) nos recuerda lo que es de verdad una canción, dejando en el rincón más oscuro tanta panoplia estúpida y blandengue que impera en la música negra actual.
Aún en sus horas bajas, loor y respeto a un genio de la música.
En 1999 una parada cardíaca alejó de este mundo a Curtis Mayfield . Su última década no fue fácil, ya que un accidente durante una actuación en directo (le cayó encima una torre de luz), le dejó cuadrapléjico en 1990, aunque no dejara de trabajar por ello. Con él se iba un creador fundamental, un brillante y profundo compositor, productor y vocalista que regó de éxitos cuatro décadas de la música negra. Podría ahora hablar de su compromiso social y político, de su papel en el nacimiento del chicago soul, etc, pero no tendría mucho sentido hacerlo, salvo hacer un post bien documentado y demostrar que sé buscar y recopilar información en la red. Tal vez sea mejor señalar que. durante su etapa en los 60 con The Impressions, fue el creador de algunos de los clásicos más inmarchitables del siglo XX, que tienen (como ya he señalado en algún otro post) la virtud de hacer que, quien los oye por primera vez, sienta que ya conoce esa canción, y no porque le recuerde a otra, sino porque se aproxima a los parámetros áureos de cualquier obra clásica. Y sus canciones, de tan versioneadas, han difuminado la figura de su creador. Porque sí, People Get Ready es obra suya, no de Rod Stewart, ni de Alicia Keys, ni de cualquier otro soplagaitas que se haya atrevido a versionearla.
Y sí, It's allright también es obra suya, así como un largo ramillete de hermosas e inolvidables canciones. Y cuando hace unos años llegó el infaltable "Tribute to...", como cante quien cante sus temas es imposible destrozarlos (y como la selección de artistas no fue tan horripilante como es habitual en estos proyectos), resultó finalmente uno de los discos de homenaje más recomendables que he oído, cuya descarga recomiendo (ahora que se puede decir sin temor gracias a ese querido canon digital que todos pagamos). Y en ese disco, un tal Bruce Springsteen borda un temazo como Gipsy Woman, de forma que he decidido colgar la versión, a la espera de que disfrute cierta guanaconauta que anda por ahí...
Hagámoslo otra vez No nos pongamos tan serios. Relajémonos. Disfrutemos un poco. Seguro que con el viejo Curtis y los Staple Singers no será tan difícil. Y si, al acabar, tienes ganas de más, no hay problema.
No. La felicidad no está lejos. ¿Tienes alguien cerca que te hace daño? ¿La vida te supera por momentos? Piensa en algo más. Rebusca en tu interior. No tienes que volar entre las nubes, sino entre los recovecos de tu alma. Sonríe. Aunque estés triste, sonríe. ¿Hay una chica o un chico que te guste? Díselo. Aunque no te corresponda. Aunque se ría de tí. Tu díselo. ¿Tienes papel y lápices en tu casa? Dibuja árboles. Dibuja pájaros de colores en sus ramas. Dibuja niños y animales. No mires al cielo cuando andes. No mires al suelo. Mira en tu interior. El dolor existe. Pero tu alma también. Mira los ojos de la gente. Verás dulzura. Y crueldad. Y odio, y amor. Que nada de ello te importe. Abandona todo desde lo más profundo de tí. Pierde la mirada. Siente con ingenuidad. Olvída que eres todo un adulto. Y entonces tal vez lo empieces a sentir. Un pequeño murmullo. Una lejana flauta. Un triángulo de metal que cada vez resuena más cerca. Un carrusel multicolor que da vueltas incesantemente. Unas miradas sin ansia. Unos niños rubios, unas niñas morenas. Te miran. Sonríen. Les sonríes. Ya has llegado. Estás ahí. En tu felicidad interior.
Y tienes alquiler de por vida.
Estás en Paisley Park.
A veces conviene desengrasar un poco de tanto neo-soul, corriente musical refinada y sentida pero a veces excesivamente naif. Comer caviar todos los días llega a hartar a cualquiera, y ya es hora de hincarle el diente a un buen bife.
Tuve la oportunidad de compartir todo el día del domingo con un buen amigo mío argentino (al que espero que no le aburriera mucho el Escorial), y que me recordó una vez más mi profunda incultura musical. Sí, me hizo descubrir a Buddy Guy, del que yo oyera hablar pero por el que nunca me interesé. Bluesman histórico y definitivo, sigue dando guerra, y para hablar de su música bien valen tópicos como éste: mientras que otros estilos nos capturan por las neuronas, el blues nos entra por el estómago y tira de nuestras entrañas.
Una voz aullante, una guitarra arrastrada y terrenal, una canción como muestra del poder de todo un bluesman: con ustedes I Put a Spell on You, y déjalo rodar...