Madre mía, que bien lo hace esta gente. Adalides del acid jazz (ya saben, esa mezcla cool de funk, soul, jazz y pop que tan bien sabían cocinar en las islas británicas), los Brand New Heavies tienen álbumes repletos de magníficas canciones. Música negra hecha por blancos y negros, insuflaron un nuevo aire al género con un toque refinado, creativo y tremendamente adictivo. Back to love, my brother...
Son las once de la noche y me acabo de enterar, como una bofetada en la cara, de la triste noticia: Teddy Pendregrass ha muerto, con tan sólo 59 años, víctima de un cáncer.
En este blog no he hablado ni hablaré nunca de mis experiencias personales, que no interesan a nadie, pero hoy haré una excepción. Porque la noticia ha supuesto un pequeño mazazo para mí, y siento, como dicta el lugar común, que una pequeñita parte de mi experiencia vital se ha ido con su muerte.
Pendergrass fue la mejor voz de los años setenta y ochenta, con una pasmosa capacidad de alternar la más aterciopelada suntuosidad vocal con una profunda fuerza latente, que transmitía sin aparente esfuerzo. Oírle cantar en cualquiera de sus canciones es tanto un placer de los sentidos como un asombro ante un timbre prodigioso, melódico y fascinante. Fue, de adolescente, uno de mis descubrimientos musicales que más huella me dejó. Cuesta creer que un maldito cáncer se lo haya llevado tan joven. Tendremos que acostumbrarnos a la idea de que el mundo ha perdido a uno de los más grandes soulman de la historia, sin parangón alguno. Hoy la música, sin duda, está un poco triste.
El año ha cambiado, la década tal vez también, pero la buena música no es de un decenio o de otro, es buena o no lo es. Si podéis pasar un mes sin oír a Ruthie Foster, me alegro por vosotros. Yo no soy capaz.
Parece una norma no escrita. Todos los artistas de la llamada música popular (pop, rock y demás mezcolanzas), llegan a un momento en sus carreras en que comienzan a aspirar a hacer algo “clásico”, es decir, a crear una obra que conecte con los parámetros musicales vigentes en Europa en los siglos anteriores, o en los USA en el siglo anterior (que para eso tienen sólo dos siglos de historia).
Así, el particular Sting lanza un compendio de canciones de un compositor británico contemporaneo de William Shakespeare (Songs from the Labyrinth), consiguiendo de hecho un éxito comercial. El beatle Paul MCartney compone oratorios y otras piezas clásicas y gana premios especializados. Rod Stewart se lanza a destrozar el Great American Songbook intentando así prolongar como crooner de segunda su más que acabada carrera. Y por qué no, Madonna hizo el mayor ridículo de su larga trayectoria cuando intentó acercarse al jazz con la banda sonora de Dick Tracy.
¿Ansias de legitimación artística? ¿Maduración natural? ¿Osada jugada comercial, o hartazgo del pop? Cada caso es obviamente distinto.
Sin embargo, el caso de Queen Latifah es llamativo. Rapera de largo recorrido comercial, instalada cómodamente en el stablishment musical y televisivo norteamericano, su música nunca me atrajo lo más mínimo, más allá de sus poses de “chica hip hop”. Pero oh sorpresa, en el 2004 lanzó un LP con su nombre auténtico (Dana Owens), en el que repasaba una colección de standards tanto jazzísticos como del pop y blues, pero siempre con un tratamiento instrumental clásico. E, inesperadamente, nos encontramos con un resultado maravilloso: una voz apabullante, suntuosa instrumentación, sensibilidad a raudales. El LP entero es una de las mejores cosas que he escuchado en muchos años. Quién lo iba a decir. Yo no, desde luego. Pero qué bueno es poder sorprenderse de vez en cuando.
PS: Conocí el disco de QL a través de Musicación, en mi opinión el mejor blog para descubrir músicas nuevas que hay en la red. Y además en este caso os podéis descargar el LP.
Creo que ya va siendo necesario retomar las buenas costumbres setenteras de este blog, y alejarnos un tantico del clasicismo ortodoxo, no vaya a ser que se nos olvide todo lo demás. Y la mejor manera de hacerlo es con un soulman como pocos, aún en activo y cuyas supremas capacidades vocales siempre me han traspasado. Me refiero cómo no al insigne, al maravilloso Al Green (reverendo Green desde hace unos años), cuya grandeza musical se merece por lo menos dos homenajes en este pequeño blog: un audio con una de sus más logradas canciones (mil veces versioneada), y un vídeo donde se le puede ver (aunque con imagen un poco hortera, muy de los setenta) en pleno esplendor vocal. Espero que lo disfruten tanto como yo.