|
A todos los que nos gusta la música (música, eh?, no Bisbal, ni Alejandro Sanz, ni siquiera Marlango) nos resulta evidente que las canciones (las buenas, quiero decir), nos muestran cómo sus autores (o sus intérpretes, según) veían el mundo en el momento de crearlas o interpretarlas. De forma que al oírlas, podemos en cierta forma compartir en tiempo real la visión personal que de la realidad (o de una parte de ésta) tenía su autor. Hoy voy a poner dos ejemplos que me parecen perfectos (al fin y al cabo una excusa más para colgar canciones de soul) Sólo alguien con una visión positiva de la vida, una fe inquebrantable en la bondad del alma y un mundo interior donde la fe (en sentido amplio) ocupa un lugar preponderante (aparte de ser un genio musical claro), puede hacer una canción tan maravillosamente optimista, brillante e inolvidable como ésta.
Por otra parte, tal vez es necesario haber sido madre a los quince años, y haber dado algunos tumbos por la vida, para poder explicar ese viejo dicho de que “a las chicas nos gustan los chicos malos” sin caer en tópicos o blandenguerías sino todo lo contrario, hacer una obra maestra en forma de canción. La verdad es que decir “eres un mentiroso, un sucio tramposo, no eres bueno para mí, pero qué quieres, nadie me ha hecho sentir como tú”, puede resultar algo terrible, salvo que se cante como esta mujer lo hacía.
|