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Creció en el seno de la Iglesia. Comenzó a cantar en el templo del Señor (con su familia y más tarde con los míticos Soul Stirrers).
Pero pronto abandonó la Senda.
Y comenzó a entonar intrascendentes canciones pop. Y cometió el sacrilegio de cantar al amor, al romance, a la fiesta, al sexo.
Pero su voz hacía que todos le quisieran. Y que le perdonaran haber dejado la Senda. Una voz que nunca encontraba el límite. Siempre más allá, siempre más profunda, cada vez más ardiente. Tenía aspecto de persona comedida, sonrisa angelical y mirada dulce. Pero cuando cantaba en directo, algo desconocido emergía en su garganta. Y llevaba a las mujeres al éxtasis sólo con su sonido. Le llamaron entonces Mister Soul. Y fue el éxito, fue la fama, fue el orgullo de la música negra. Su ángel más dotado, su hijo predilecto, amado y bendecido con todos los dones.
Pero el destino no le perdonó. Le mató a golpes de bate de béisbol por un blanco. Como un delincuente, como un negro que había osado acostarse con una blanca.
A su muerte su espíritu volvió a la Senda del Señor, que le perdonó sus desmanes. Porque su voz era celestial, pero con la elegancia del más oscuro de los ángeles caídos.
Quien ya le conoce no le sorprenderán mis palabras.
Quien no lo conoce, debería escuchar cosas como ésta;
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