Sam Cooke creció en el seno de la Iglesia. Comenzó a cantar en el templo (con su familia y más tarde con los míticos SoulStirrers).
Pero pronto abandonó el camino tradicional. Y comenzó a entonar intrascendentes canciones pop, sobre temas tan terrenales como el amor, la fiesta, el sexo. Aun así, su voz y su talento hacía que todos le quisieran. Una voz que nunca encontraba el límite., siempre más allá, siempre más profunda, cada vez más genial. Tenía aspecto de persona comedida, sonrisa angelical y mirada dulce. Pero cuando cantaba en directo, algo desconocido emergía en su garganta, y era capaz (según aseguran) de llevar a las mujeres al éxtasis sólo con su sonido. Le llamaron entonces MisterSoul. Y fue el éxito, fue la fama, fue el orgullo de la música negra.
Pero el destino no le perdonó. Le mató con un calibre 22 empuñado por una mano blanca. Como un delincuente, como un negro que había osado acostarse con una blanca. Un ángel caído que había tocado el cielo.
Quien ya le conoce no le sorprenderán mis palabras.Quien no lo conoce, debería escuchar cosas como ésta;
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