En el otoño de 1943 ningún jerarca nazi confiaba ya en la victoria final. Y sin embargo, Heinrich Himmler, el Reichsfürer de las SS, se dirigía así a los oficiales de su cuerpo de élite:
"Tenemos que ser honrados, decentes, leales y amigables con nuestros hermanos de sangre, pero con nadie más. Lo que a un ruso o checoslovaco acontezca, no me importa lo más mínimo. Lo que puedan ofrecernos las naciones en materia de buena sangre de nuestro tipo, lo haremos nuestro si es preciso, raptando a sus hijos y educándolos aquí con nosotros. Que las naciones vivan en la prosperidad o sufran de un hambre mortal solamente me afecta en la medida en que necesitamos a sus súbditos como esclavos para nuestra Kultur… La mayoría de ustedes sabrán lo que significan centenares, o quinientos o mil cadáveres echados uno junto al otro. El haber pasado este trance y seguir siendo personas decentes, eso es precisamente lo que nos ha endurecido tanto… Somos producto de la ley de selección. "
¿Delirio, perversión moral llevada a sus últimas consecuencias, o simple maquillaje de la simple maldad?