Tenía en agenda desde hace tres o cuatro meses escribir un post sobre la interesante Erykah Badu . Felizmente, la realidad se me ha adelantado. Mi primer aviso del nuevo trabajo de la Sta. Badu lo tuve en este gran blog de (oh, cielos! ¿seré facha?) el diario “El Mundo”. Como luego leí otra referencia interesante aquí, decidí forjarme mi propia opinión, es decir, bajarme de la mula el LP (qué placer poder escribir esto sin complejos de culpabilidad legal, gracias al canon!) y escucharlo dos o tres veces.
Huummmm..,. la verdad es que coincido con los otros blogs. El disco es impresionante. Cacharrería moderna puesta al servicio del alma. Música negra en la superficie y en su esencia. Maravillosa voz, sinuosa, caliente, versátil. El disco tiene una estructura de álbum conceptual (la sombra del What’s Going On de Marvin Gaye es alargada), sin que eso aporte o reste a la calidad del contenido (un disco es simplemente una colección de canciones, y me importa poco que estén unidos por un propósito espiritual o un concepto superior). Pero en "New Amerykah: 4th world war", entre guiños e interludes entre canción y canción, descubrimos magníficas composiciones, (que saben dejar a un lado la estructura clasica introducción-transición-estribillo ya tan cansina), y una instrumentación caleidoscópica, densa, pegajosa, que se te adhiere a los tímpanos y te pone a su ritmo.
Este álbum va a ser seguramente el mejor LP de música negra editado en el 2008, y sitúa a EB como la más atinada soulwoman del momento, con gran diferencia sobre otras (estimables) colegas. Evito utilizar el gastado adjetivo "genial", porque cada vez tengo más claro que para poder asignar dicho calificativo a un libro, un disco o un polvo (no, perdón, eso no), el único método fiable es dejar pasar diez años, y entonces releer el libro, o volver a escuchar el álbum, y entonces decidir.
Pero me da a mí que en mayo del 2018 calificaré este LP como absolutamente genial...
En el año 1997, un cantante novel anglo-canadiense firmaba con tan sólo 19 años por la mítica discográfica Motown ( sí, sigue existiendo a duras penas). A partir de ahí, pasó más de tres años trabajando para elaborar su primer disco, en el que tocaría todos los instrumentos, y en el que sería el compositor y productor de todas las canciones. Hasta aquí nada más que las excentricidades de un jovencito enamorado de la música negra pretendiendo emular a Prince…
Lo extraordinario fue el resultado: “The Way I Feel” es una soberana pieza maestra, donde no sobra nada de nada, y en la que, cuando nos introducimos, nos podemos sentir retornados treinta años atrás, al mejor momento de la música negra. ¿Nostalgia? ¿Revival? No, hay algo más: las canciones de Remy Shand son magníficas por sí mismas, y no porque su instrumentación o su impresionante falsete nos remita a otras épocas (que lo hace). Y la producción de las mismas es detallada, ajustada, sugerente… cautivadora al fin.
Una muestra de que se puede tomar un sonido determinado o una época musical como modelo, y a la vez hacer un LP personal y brillante. Oir “The Way I Feel” es un completo placer de principio a fin, con varias perlas que riegan el camino.
Parece ser que el señor Shand no tiene prisa, y lleva ya más de cinco años preparando su nuevo LP. Si consigue el mismo nivel que en su opera prima, la espera habrá valido la pena. Será cuestión entonces de comprobar si es capaz de una carrera coherente, o simplemente habrá sido una anomalía dentro del adocenado panorama musical que nos rodea. Mientras tanto, podemos disfrutar una y otra vez de sus brillantes canciones.
Tras dos décadas gloriosas, la música negra norteamericana empezó a perder pie en los años ochenta. Dejando aun lado la singularidad de un genio como Prince y su monumental obra (muy semejante en su libertad y experimentación a la que hiciera en los setenta StevieWonder), el resto de producción musical, con pocas pocas excepciones, se encaminó hacia un mainstream poco imaginativo en el que los productores tomaron la batuta e impusieron un modelo tecnificado de caja de ritmos y sintetizadores realmente poco original, aunque fuera capaz de generar canciones fácilmente digeribles para cualquier paladar. Pero que en realidad tenían muy poco de soul o funk y mucho de pop. Tal vez el ejemplo más exitoso comercialmente hablando fue BobbyBrown (ya, ya, está MichaelJackson, sí, pero esa es otra historia). En los noventa la cosa no mejoró mucho, llegando finalmente...