Grafómano/a: Que tiene grafomanía Grafomanía: manía de escribir o componer libros, artículos, etc Así cuenta el diccionario de la RAE, en unas definiciones más bien pobres, y sin embargo por ello, muy amplias, de forma que podríamos considerar grafómano a cualquiera con la obsesión o necesidad compulsiva de escribir (o copiar) cualquier cosa, listas de la compra, un diario personal, crónicas de su barrio… Pero ¿ cuando el gusto por escribir deja de ser simple afición para convertirse en patología?. No creo que nadie esté en condiciones de señalarlo. Lo que sí está claro es que algunos grandes escritores experimentaron durante toda su vida esa pasión vehemente y contumaz por escribir, hora tras hora, día tras día… Quienes no tenemos tal dolencia, no podemos saber si sirve para extraerse de dentro los demonios que todos albergamos, o si por el contrario el exceso de sensaciones, de traumas, de experiencias, que llevan al sujeto a contar cosas sin cesar en el papel, permanece para siempre entre las paredes de la cabeza, por mucho que se garabatee sin cesar símbolos y letras. Amelie Nothomb sea seguramente una de las (¿felices? ¿tristes?) víctimas de esta patología.
Brillante aunque según dicen irregular escritora belga, mimada por la crítica francesa, y vituperada sin piedad fuera de Francia, parece estar especialmente dotada para escribir sobre lo absurdo y extremo, y la lectura de sus obras no deja indiferente a nadie. Poco más puedo decir de ella ya que sólo he leído “Metafísica de los tubos”, una curiosa y atrayente crónica de su infancia en Japón, su país natal. Los títulos de sus novelas son sin duda atrayentes: Cosmética del enemigo, Biografía del hambre, Diccionario de nombres propios, La entrada de Cristo en Bruselas… Su primera obra, que la consagró de forma inmediata se titula Higiene de un asesinato, y, por cortesía de este modesto blog, podéis leerla aquí. Pero lo más llamativo, al menos para mí, es su pulsión por escribir: en una reciente entrevista en Le Point, reconoció que aunque tiene publicadas 17 novelas, ya ha escrito 63 (con 41 años), a un ritmo de 3,7 por año. Cada diciembre, relee lo escrito durante el año y elige lo que quiere publicar. Nunca vuelve sobre lo desechado otros años, y ya ha planificado que se elimine cuando muera. Se levanta todos los días del año a las 4 de la mañana y escribe durante más de cuatro horas en cuadernos de espiral con bolígrafo bic azul, esté en forma o cansada. Se acuesta siempre a media noche, y como ella dice, sus noches son tan cortas que “no tiene tiempo de ser insomne”. Sueña a veces con una orgía de sueño, pero “no puede parar de escribir”.
¿Qué tipo de vida interna excesiva, tal vez atormentada, se debe experimentar para necesitar (y poder) escribir ficción cuatro horas por día sin falta? Tal vez no exista mucha diferencia entre A. Nothomb y cualquier jubilado que redacta pacientemente y obsesivamente el diario detallado de todos los nimios acontecimientos de su vida.
Tal vez la única diferencia sea la capacidad de crear ficción.