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Ya hablamos alguna vez en este blog de Soft Cell, aquel grupo tecno de los primeros ochenta formado por un genio de los teclados (Dave Ball), y una reinona del escenario con una voz inesperadamente expresiva y magnífica (Marc Almond). Los conocí de pequeño a través de mi hermano, por aquel entonces ya muy aficionado a la música inglesa. Recuerdo que un día trajo el maxi-single (todos sabéis todavía lo que es, no?) de uno de sus sencillos, What!. Lo oí con mucha frecuencia. Y nunca me pareció por aquel entonces una gran canción. Sencillamente me resultaba aburrida. Pero unas décadas después me descargaba el mp3 de la canción, y oh, sorpresa, al escucharla pensaba "pero qué puta maravilla". ¿Qué había pasado? ¿Tanto había cambiado yo? ¿Tanto habían cambiado mis gustos? No, no era nada de eso. El secreto radicaba en que yo había conocido la canción sólo a través de su versión extendida, con una duración de más de 9 minutos. Y al escuchar el mp3, éste era el de la versión original, que no llega a los tres minutos. Y es una joya pop. Y como toda joya pop, una de sus características es la fugacidad, el fulgor instantáneo, el brillo breve pero intenso . Y como tal, no se puede alargar artificialmente, destruyes su esencia. ¿Os imagináis She loves you de los Beatles con una extensión de diez minutos? Sería algo horrible, aburrido, insoportable. Pero tarde décadas en descubrirlo. El vídeo tiene cierto encanto naif que lo hace digerible, aquí os lo dejo.
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