Es domingo, fuera hace frío pero no tenemos que trabajar, ni hacer nada que no nos apetezca. Buen momento pues para hacer una travesía sentimental con la gran, gran Julie London, una de las favoritas de este humilde pero intrascendente blog.
En ocasiones, una sola canción alcanza tal éxito que empuja a su intérprete al altar supremo de la gloria efímera al tiempo que lo condena al ostracismo posterior, privándole de cualquier posibilidad de desarrollar una carrera exitosa. El peso de la odiosa y trivial comparación se ocupará inexorablemente de que sus creaciones ulteriores sean eclipsadas por un juicio sumario que sentenciará su destierro al anonimato o -en el mejor de los casos- , al seguimiento de una exigua minoría de fieles. El fenómeno es conocido, tiene un sinfín de exponentes y a mí, hoy, me apetece mencionar el del señor Colin Vearncombe, también conocido como Black. Black compuso en 1985 la canción Wonderful Life, una pieza simple, que transmite una confusa sensación en la que se mezclan melancolía y ánimo, y que se instala en tu cabeza nada más oírla, para acompañarte durante mucho tiempo sin que nunca te moleste su visita. Quizás contribuyan a su particularidad la insistente melodía, el irónico mensaje, los arreglos marcados por una instrumentación elegante y poco convencional, y desde luego, la espesa al tiempo que suave voz de Black. En cualquier caso, al pobre Colin su composición lo enganchó por el pellejo y lo zarandeó por la espiral de la gloria y ostracismo que he intentado describir al comienzo de este desvarío, digo post. Siguió vendiendo bastantes discos durante unos años, pero nada parecido con el destello y resplandor de su pequeña obra maestra. En la actualidad, el Sr. Colin Vearcombe sigue con su carrera y acaba de sacar un nuevo disco de escucha realmente agradable, pero en fin, el fenómeno es ineludible y para muchos de nosotros Black seguirá siendo siempre sinónimo de su one hit wonder, Wonderful World, una genialidad que, desde mi humilde punto de vista, justifica su consideración como artista a recordar.
Los géneros musicales tradicionales (rock, pop, funk, soul, etc) cada vez tienen menos sentido en una época como la nuestra en que la mezcla comercial, el mix destinado a las listas de éxitos, es lo que predomina. El fenómeno no es nuevo, pero últimamente hemos tenido ejemplos dignos de figurar en el museo de los horrores. Porque veamos: que la espectacular Beyoncé comparta movimientos de caderas con Shakira puede ser algo hasta lógico bajo la óptica del marketing (dos productos semejantes pueden hacer casi siempre una buena combinación). Que la texana realice single y vídeo con Lady Gaga es casi inevitable (y sorprendentemente, la canción tiene su punto). Pero el asunto toma un cariz preocupante cuando descubrimos al inefable Alex Lumbago compartiendo tema con Craig David, adalid de los solistas-de-color-moñas (que lleva por cierto diez años haciendo la misma canción). El resultado es un poco (muy) estomacante. Y la cuestión alcanza límites insospechados y realmente hirientes cuando descubrimos, contra todo orden establecido de valores, contra toda lógica universal, al ínclito Alejandro Sanz con la actual reina del soul, la casi siempre fantástica Alicia Keys. La mezcla es indigerible, y no me puedo dejar de imaginar, cada vez que la oigo, al ejecutivo de la discográfica explicándole a la cantante “Alicia, queremos introducir a un español muy majete en el mercado norteamericano, y contamos contigo para que nos eches una mano”. Realmente, los berridos del señor Sanz diciendo “oh mai sister” merecen estar en una antología de simas de la historia de la música. Pero como nadie se merece un post que acabe con semejante despropósito, una vez más echaré mano de la historia para acabar con buen sabor de boca: ya dije que el fenómeno no es nuevo, y podemos encontrar ejemplos sorprendentes como éste: el siempre grandioso Marvin Gaye vacilando con una irreconocible Tina Turner (sí, es ella), en una mezcla de canciones que anticipaba lo que hoy conocemos como mash-up.
Y puestos a poner mezclas, les dejo una muy interesante, un mashup en el que se fusionan un clásico del grupo por antonomasia, con Oasis, uno de sus mejores imitadores:
Hoy sentí que debíamos hablar de nuevo de la gran, grandísima Patty Griffin.Una de las pocas cantautoras que conozco sin una sóla canción de relleno, que no tiene una sóla composición débil o rutinaria. Con instrumentación sencilla y una maravillosa voz, personal, frágil pero llena de nervio, resulta difícil elegir entre la avalancha de magníficas canciones que ha volcado en sus LPs. Se hace necesario escucharla, disfrutarla a manos llenas y regalarse las pequeñas-grandes alegrías de su música, en este mundo a veces tan tan duro…
Sheryl Crow siempre me ha gustado. Hace un rock tradicional americano sanote y sin complicaciones, pero lleno de buenas canciones. La mejor de ellas es "If it makes you happy", que aunque tiene un gran vídeo, vale la pena revisarla en directo, donde podemos comprobar su magnífica voz.
Dentro del viraje hacia el clasicismo que al parecer está experimentando este humilde pero intrascendente blog, no he podido evitar colgar esta pequeña delicadeza del señor Michael Bublé, (gracias, Salva!) que se marca aquí una arriesgada versión de un estándar (Cuándo, Cuándo, cuándo), tomando como coequiper, oh sorpresa, a la señorita Nelly Furtado, actualmente la única alternativa latina a la cada vez más pesada y sobrevaloradísima Shakira. El resultado es mucho mejor de lo que se podía esperar, elegante y sedoso.
En 1970 el gran Tony Bennett publicaba un disco de versiones (Tony Sings the Great Hits of Today!), en el que se intentaba adaptar al signo de los tiempos (es decir, al pop). El intento no fue especialmente afortunado, pero incluía esta preciosa versión de lo que ya por entonces era un clásico: "Something" de los Beatles .
Datos históricos aparte, lo cierto es que se trata en mi opinión de una gran versión, llena de elegancia, carisma y charme.
Bueno, más de cuatrocientos post y todavía no hamos hablado de Bob Dylan? Pues no os preocupéis, que no lo vamos a hacer ahora. Tan sólo vamos a traer una rotunda canción de este señor, grabada hace treinta años pero que suena como si la hubiera compuesto ayer. Pertenece al LP del mismo nombre de 1979, producido por Jerry Wexler (el productor de Aretha Franklin), y donde colaboró un jovencito Mark Knopfler, alias "mano aburrida".
En los últimos post nos hemos puesto un poco trascendentales, y por otra parte no todo en la vida es música negra (no...?). Así que lo mejor será engrasar los oidos y las neuronas con puro rock, pura energía positiva. Esto que viene a continuación no necesita presentación.