Julie London fue una bella y elegante actriz y cantante que desarrolló su carrera desde los años 50 hasta finales de los setenta. Debo reconocer que ha sido para mí todo un descubrimiento; pero es lo que pasa con los clásicos, nunca pierden su vigencia. Su voz, comedida, magnética y sensual, era ideal para el estilo en boga de la música popular de entonces en USA, y escuchada medio siglo después sigue provocando el mismo encantamiento sonoro. Su clásico por excelencia fue Cry Me a River, aunque son muchas las canciones suyas dignas de revisitar.
Personalmente el escucharlas me hace evocar ese estilo tan propio de los años 50 en el cine y la música, lleno de galanes siempre en traje, peinados perfectos, mini-bar en el salón, volutas de humo de cigarrillo y miradas femeninas gélidas pero sugerentes. Rock Hudson y Doris Day, Sinatra y el Rat Pack, o la revisión que hiciera George Cloonie en Buenas Noches y Buena Suerte. Unos símbolos y un estilo que se verían poco a poco difuminados en la revolución visual, estética y musical de los años sesenta. No obstante, la sra. London (y perdónenme el tópico) mejoró con la edad. Pueden verla (y admirar su estilo) en este show en directo de 1964, donde se marca una actuación que tiene lo suyo. O si no, en una magnífica versión: la de la (en mi opinión) muy sobrevalorada Light my fire de los Doors, de la que en 1969 hizo una pausada y distanciada revisión, que en cierto modo anticipaba la actitud de muchos estilos que vendrían después (lounge, chill out...):
(aunque me resulta difícil de creer, el álbum en el que estaba esta versión fue el último que publicó, al quebrar Liberty, su discográfica de siempre).
Simple Minds fue un grupo proveniente del punk escocés, que tuvo su particular momento estelar con Dont’ you forget about me (hit mundial del que hoy nadie se acuerda, y que sería como en tantas otras ocasiones el comienzo de su decadencia musical).
Pero antes de ello, y en su anterior LP, fueron capaces de pergeñar todo un clásico pop: Waterfront, tema de excepcional grandeza sonora, (y de absurda letra por cierto) que, escuchado veinticinco años después, se constata que ha sabido resistir el paso del tiempo con dignidad, y hasta con garbo.
Y por cierto, que no era la única joya del magnífico LP "Sparkle in the Rain". Otra digna de recordar es Speed Your Love...
Hace pocos días hablábamos de un brillante momento pop de Sinead O'Connor y The Edge. Pero no me basta (al menos a mí). Sobretodo cuando podemos disfrutar de la maravillosa voz de Sinead en directo, y con una tan bella canción. Vean, escuchen (hasta la parte final por favor), y cuéntenme luego.
Sinead O'Connor conquistó el olimpo musical (tanto a nivel comercial como artístico) con su majestuosa versión de un tema olvidado de Prince, Nothing Compares to You, que además supo acompañar con un precioso vídeo, basado tan sólo en un primer plano de su rostro, de perfecta simetría. Tras ello, decidió lanzarse voluntariamente a los infiernos, cuando se atrevió a criticar en público a Juan Pablo II. Seguramente lo hizo en un momento y lugar totalmente equivocados. No obstante, siempre me llamó la atención que a partir de entonces, el supuestamente progresista y liberado público rock juvenil le masacró en cada aparición pública. Hipocresía profunda, o tal vez es que los jovencitos imberbes tenían inoculados sin saberlo algunos dogmas de lo políticamente correcto. De una forma u otra, lo cierto es que la voz de Sinead es una de las más hermosas del panorama anterior, actual y futuro. Y cuando se juntó con The Edge (ya saben, el alma de U2) para hacer el tema de la banda sonora de una película (Captives), el resultado fue una pequeña gran joya pop, tanto por la canción en sí como por la sensibilidad que sabe poner su intérprete a la hora de jecutarla. Heroine, de Sinead O'Connor y The Edge.
No voy a descubrir a nadie a Oasis, una de las bandas emblemáticas del british pop, que en los 90 conquistara medio mundo (los malpensados les calificaron como simples imitadores trasnochados de los Beatles).
Sí descubriré, si ustedes me lo permiten, una de sus canciones más refinadas y elegantes. Podría insertar ese himno llamado Wonderwall, o el ya clásico Don’t Look Back in Anger. Pero no, es el turno de Cast No Shadow.
"No puedes iniciar un fuego si estás preocupándote por tu pequeño mundo derrumbándose"
¿Les
suena? El autor de esta frase es un veterano (realmente veterano),
cuyas letras y melodías han llegado al corazón de millones de personas
de todas las razas en los últimos veinticinco años.
En
estos días saca un nuevo LP. Y aunque no sea mi autor favorito, justo
es reconocerle la habilidad, sinceridad y entrega que a lo largo de
toda su carrera ha mostrado.
Para todos los que como yo estamos atraídos por la música clásica, pero a la hora de "entrar" en ella nos sentimos como si estuvieramos en la puerta de un museo de arte deconstructivista (es decir, tímidos y fuera de lugar), Notas Tenidas es el blog perfecto.
Creado y mantenido por una buena amiga dedicada al cello, sabe traer en cada post pequeñas gemas musicales definitivamente desconocidas para esa entelequia que damos en llamar gran público.
No cabe duda: Rufus Wainwright es una auténtica reinona. Y continuador de la nunca bien reconocida corriente gay-pop que naciera durante la era disco, y que cuenta con ilustres representantes como Jimmy Sommerville, Marc Almond, Erasure, Petshop Boys (sí lo son), Elton John o incluso George Michael.
Admirador irredent0 de Judy Garland y Elton John, adalid del pop sinfónico (capaz de hacer una canción basada en el bolero de Ravel), deudor de los primeros Queen y relatista impúdico de su despertar sexual, no voy a contar más de este singular personaje, porque ya se ha contado mucho mejor en otros sitios.
Sí diré que, en ocasiones, el brillo de las plumas y el tronar de la orquesta no esconden más que vacuidad musical, pero éste no es uno de esos casos. El señor Wainwright sabe componer canciones, y sabe cantarlas. Con ya cinco LPs a sus espaldas, el tercero (Want One) es en mi opinión el mejor, una obra redonda con un ramillete de hermosas perlas pop, si bien en todos sus álbumes suele haber cosas interesantes.
El desarrollo tecnológico ha difuminado en las dos últimas décadas las diferencias entre “versionear”, “copiar”, “tomar prestado” o “inspirarse en”. El sampling (ya sabe, tomar prestado fragmentos de otra canción para insertarla en la propia) ha ayudado mucho a difuminar estas fronteras. Pero a veces da lugar a extrañas y productivas relaciones esporádicas. Stephen Stills firmó en 1967 una hermosa canción, For What It's Worth, sobre el enfrentamiento entre jóvenes y la policía que ya por entonces se producían. Un punteo hipnótico y las arenosas voces de Buffalo Springfield conformaron un pequeño gran clásico del rock.
Treinta y un años después, los adalides del hip hop más poderoso, Public Enemy, “tomaron prestada” la línea de guitarra y la voz de Stills (que regrabó para tal ocasión su aporte vocal) para hacer el single de una banda sonora (He Got Game de Spike Lee). La canción es puro hip-hop, pero hacia el final de la misma se introducen, oh sorpresa, unos hermosos coros góspel, que dan la canción densidad soul allí donde en principio no se podía esperar.