REM saltó al estrellato completo a mediados de los noventa, y fueron (son) de lo más valioso que ha dado el rock USA en las últimas décadas.
Sin embargo, tuvieron una amplia trayectoria, digamos underground, antes de dar el gran salto. De esa época vale la pena rescatar una de sus canciones menos serias y trascendentes, lo cual siempre es de agradecer. Es el fin del mundo tal como lo conocemos, título que tal vez se podría aplicar al momento que vivimos.
En 1967, Frank Sinatra se unía a uno de los creadores de la bossa nova y su más grande compositor, Antonio Carlos Jobim, para realizar un álbum en común donde repasaría las grandes creaciones del compositor brasileño. El resultado del encuentro fue un elegante LP en el que la voz desgrana con impoluta elegancia un ramillete de composiciones que ya por entonces se habían convertido en clásicos. Una de las características de Sinatra es que su increíble timbre y entonación le hacía capaz de sobrevolar cualquier estilo, pero sin perder nunca sus señas de identidad: cantara villancicos, composiciones de Stevie Wonder o clásicos brasileños, siempre sonaba a Sinatra. No sé si esto es bueno o no, de hecho, aunque las composiciones de este LP rebosan estilo y saber hacer tanto en la voz como en la instrumentación, a veces se tiene la sensación de que el estilo de Sinatra y las canciones de Jobim caminaran juntas, pero sin acabar de fundirse. Aunque ello no es óbice para saborear este pequeño bocado, que ustedes, como buenos pagadores del canon digital, pueden descargarse sin complejos aquí.
Por motivos navideños (la visita a su familia del editor de este blog), nos despedimos de todos vosotros hasta el 29 de diciembre, día en que volveremos a brillar sobre el asfalto (o por lo menos a intentarlo!). Que paséis una muy feliz Navidad. Os dejo con el gran Dino y su Christmas Blues.
Hubo un tiempo en que la bossa nova era un género novedoso, y distinto a todo lo que habían oído hasta entonces los públicos del hemisferio norte. Es natural que muchos de los más famosos cantantes quisieran recorrer su estela, ya fuera por puro interés artístico o con la intención de revitalizar sus carreras. Internet nos ofrece la posibilidad de rescatar pequeñas joyas como ésta: una actuación en vivo, en un show de la televisión americana, de un por entonces jovencísimo Antonio Carlos Jobim, cantando su clásico por excelencia, "Garota de Ipanema", junto a uno de los más grandes crooners americanos, prácticamente al nivel de Sinatra aunque menos conocido en Europa. Me refiero al gran Andy Williams y su aterciopelada voz.
Es difícil encontrar hoy cantantes con tal manejo de sus cuerdas vocales en directo, con tal timbre y con ese absoluto dominio del escenario. Tal vez el signo de nuestro tiempo, en que el autotuneenmascara y enmienda, incluso en directo, la voz de cualquier aprendiz de cantante.
Pos-post: Existió, por supuesto, una muy interesante colaboración entre Sinatra y Jobim. Pero ésa es harina de otro futuro post.
Algunas versiones (muy pocas), tienen la extraña virtud de, además de mejorar el original, transformarlo hasta tal punto que la copia se hace irreconocible respecto a la composición original, tomando finalmente una personalidad propia y definida.
Todavía encuentro gente que se queda prendada en cuanto escucha esta resplandeciente canción de los años setenta, que es una de las cimas del primer sonido Philadelphia: Me refiero por supuesto a “Your Song”, del singular Billy Paul.
La melodía derivativa y envolvente, su instrumentación clásica (con esas maravillosas flautas, y el colchón de violines marca de la casa), la personalísima voz de su intérprete y los frenazos y rearrancadas del tema, la convierten en una pequeña gran joya de la música negra que 36 años después conserva intacta su magia (además de ser un ejemplo de producción y arreglos musicales inconmensurables). Lo que pocos advierten (aun luego de haber escuchado el original), es que es una versión. Y más concretamente, una versión de un clásico del pop melodioso (baboso dirán algunos), firmado por el mismísimo Elton John. En efecto, la balada del señor Reginald Kenneth Dwight es uno de los mejores ejemplos de su estilo de desgranar melodías al piano, y aunque personalmente me resulta ya un poco estomagante, no se le puede negar su valor.
Por tanto uno de esos ejemplos en los que la copia toma un esqueleto ya existente (la melodía), para retorcerlo, descoyuntarlo, recomponerlo y recubrirlo luego de nuevos e inusuales ropajes.
El country está universalmente reputado (fuera de los USA) como uno de los estilos musicales más aburridos y ramplones que puedan existir. Sin embargo, es un secreto poco conocido que los compositores country han generado un amplio abanico de magníficas baladas, que por su calidad intrínseca han superado las barreras de su propio nicho original, siendo eso sí versioneadas y llevadas al éxito sin empacho por cantantes de otros estilos musicales más reconocidos.
En 1991, la siempre atinada Bonnie Rait grababa una hermosa balada en su LP "Luck of the Draw", I Can't Make You Love Me. La calidad de la composición, la voz ligeramente rasgada y reposada de esta interesante veterana, y la producción delicada y tenue, le reportaron un gran éxito y la rápida consideración como clásico musical. De ahí a las versiones no distaba mucho.
En 1997, el inefable Gorge Michael hacía su versión en sus grandes éxitos publicados aquel año. Justo es reconocer que, si bien es difícil destrozar tal composición, hizo una refinada y sensible versión, que le reportó un amplio éxito en UK.
Pero (oh, sorpresa) un año antes, el gran Prince ya había realizado su propia versión en su triple LP Emancipation (tal vez el más flojo de su carrera). Con su falsete característico y una lujuriosa producción marca de la casa, era uno de los mejores momentos de un triple LP fallido. De nuevo una versión alternativa del clásico original, fácilmente paladeable para los seguidores del enano mulato y para los que no lo son.
Las versiones han sido constantes desde entonces, y han revisado el clásico desde la gran Candy Duffer a algún que otro triunfito americano, pasando por más de un ilustre desconocido.
Un ejemplo más de que la calidad de una canción es totalmente independiente del estilo con el que naciera.
Hace ya un año y un mes que comenzó este blog, llamado a desaparecer algún día sin más historia, en el que escribimos tres personas. Ahorraré los habituales y aburridos comentarios sobre "lo que me ha aportado este blog" o cosas parecidas. Eso sí, quién iba a decir hace un año que el sistema financiero mundial estaría a punto de irse al garete, o que íbamos a tener un presidente mundial de raza negra.
La cuestión es que hace un año y un mes comenzábamos con algo como ésto:
¿Es posible crear desde la nada un género musical inusitado , fascinante?
No lo sé, pero si rastreamos los orígenes de la bossa nova, me atrevería a decir que sí. Nos cuenta internet sobre la influencia de las melodías rotas del jazz, de un substrato autóctono previo... pero también nos dice que fue creada por un grupo de músicos de la clase media carioca.
¿Generación espontánea aunque intencionada de todo un estilo musical? Yo soy capaz de creerlo, al comprobar la escasa semejanza de este estilo con cualquier otro.
La Bossa nova está trufada de canciones de una belleza atemporal, diáfana, cristalina. La expresión sonora de una especie de calma interna, que parece sobrevolar sin aspavientos cualquiera de las tormentas emocionales que sus letras puedan expresar.
Y de forma coherente a este espíritu, las cantantes de bossa utilizan su voz con un distanciamiento y una melancolía del todo apropiada para esa belleza casi fría que este género musical transmite. En cierto modo es el extremo opuesto de los sentimientos a flor de piel que una soulwoman clásica expresa en sus momentos de clímax.
Una de las versiones más depuradas de esa belleza distanciada pero superior que la bossa nova desprende es un LP del año 2002 ("Casa"), firmado por el señor Ryuichi Sakamoto (sí, el de “Feliz Navidad, Mr Lawrence", que los fans de Bowie recordarán), junto a Jacques Morelenbaum y su hija Paula, dos colaboradores habituales de Antonio Carlos Jobim, en cuyas increíbles composiciones se basa todo el trabajo. Un álbum de fascinante escucha, con una instrumentación escuálida (tan sólo piano y chelo más alguna lejana guitarra) y la elegante y comedida voz de Paula Morelenbaum sobrevolando sofisticadas melodías y recreando esa morbidez sonora con simple efectividad.
Y como no podía ser de otra forma, ponemos a vuestra disposición el álbum, por cortesía de este modesto pero intrascendente blog. Y el motivo de su título es más que interesante, si lo queréis averiguar...
Pos-post: No es de extrañar que la bossa nova sea una de las fuentes del lounge, ese estilo musical de quienes necesitan sonidos envolventes, ligeros y poco comprometidos. Por no hablar de otros "hijos bastardos" aun más hedonistas y últimamente un poco vulgarizados, como el chill-out.
Actualización 15/10: Un poco más aquí, con posibilidad incluida de descargar un clásico.
Y no, no me refiero a Coldplay, que ya, ya sé que siguen vendiendo millones y sí, sí que son muuy sensibles y dulces. Me refiero al único grupo que seguramente les puede hacer sombra y hasta superar. Son Keane, y ya mismo están lanzando su tercer LP, con este rotundo "Spiralling" como anticipo. Menos líricos que antes, menos barrocos y detallistas en su instrumentación (aunque Tom Chaplin cada vez canta mejor), tal vez no sean tan brillantes como en anteriores singles, y tal vez se repiten algunos esquemas, pero... siguen teniendo lo que hay que tener, y siguen siendo todo lo potentes que se debe ser en un primer single. Y el vídeo se deja ver, que ya es bastante hoy en día.
Pos-post: Para que vean que en este blog no solo hablamos de negros cantando (también hablamos de negras).
El mejor pop- rock en español no se está haciendo en España. Ni lo están haciendo españoles. Lo están haciendo en Latinoamérica. Y no estoy hablando de Calamaro. Ni por supuesto de los indescriptibles Maná. Hablo del señor Rodolfo Páez, Fito Páez para el mundo. Seguramente el más consistente y valioso cantautor argentino. Siempre exquisito en sus composiciones, formalmente brillante y con magníficas letras, tiene una dilatada carrera que se extiende ya por más de veinte años. Es sin embargo poco conocido en España, salvo por el disco Enemigos Intimos que hiciera en común con Sabina (con el que terminaría enfrentado), y por haber sido marido de Cecilia Roth, durante un tiempo musa de Pedro Almodovar. El amor después del amor es una de sus mejores composiciones, un momento pop vibrante que como tal merece su repaso en este pequeño pero intrascendente blog.
Y a día de hoy, con cuarenta y tantos años, el señor Páez sigue siendo un trallazo en directo, como corresponde a alguien que se ha pasado media vida de gira por los escenarios de medio mundo.
Y ahora, puedes descubrirlo, o seguir escuchando a Alejandro Sanz o Jeniffer López...