Esa actriz y cantante un tanto extravagante llamada Eartha Kitt alcanzó algunos de sus éxitos con canciones interpretadas en francés, idioma que dominaba al parecer con soltura. Éste es uno de los más conocidos, una canción de sencilla elegancia y muy agradable escucha, conocida gracias al espíritu siempre inquieto de Esther. Y que le hace merecedora (a Eartha, no a Esther) de estar en el rincón francés.
Verán ustedes, corría el año 1985. Parecía que aparte de U2 no había nada digno de llevarse a la boca en la rock music. En las ondas de la FM (porque aunque no lo crean, no existía internet), uno se aburria con los sobados éxitos de The Police, recién disueltos y cuyas interminables reediciones y grandes éxitos comenzaban ya. Pero entonces... entonces comenzó a sonar insistentemente (incluso en España), un bonito tema pop, The Whole of the Moon, hecho por unos muchachos llamados The Waterboys.
Recuerdo que a mi hermano le fascinaba el tema. A mí siempre me pareció (y me parece) demasiado azucarado, sin negarle su mérito. Pero ese tema tenía detrás un LP impresionante (una obra maestra para algunos) This is the Sea, que de principio a fin está lleno de piezas magistrales, definitivas. Empezando por mi preferida, un auténtico disparo llamado Don't bang the Drum (con esa guitarra in crescendo que rompe en el minuto 1:25 en un auténtico muro de guitarras), pasando por la icónica The Pan Within, continuando con la magnífica Spirit, en fin, el álbum es de los que no tienen desperdicio.
Y lo mejor es que los dos LPs anteriores, A Pagan Place y The Waterboys, no lo desmerecían en absoluto, con temas como A Church not made with hands o la apabullante A Girl Called Johnny.
La producción además ayudaba: los temas de The Waterboys parecían haber sido sido grabados en un viejo galpón o una nave industrial vacía, porque al escucharlos se tenía (se tiene) una impresión atmosférica (a falta de un término mejor), como si uno los tuviera tocando en vivo a unos veinte o treinta metros, y pudiera sentir la reverberación de su sonido en los muros.
Los Waterboys eran el presente y parecían llamados a ser el futuro del rock and roll. Pero entonces, y cuando nadie se lo esperaba, su líder y alma matter Mike Scott dio un giro a su música, y en su siguiente Lp (Fisherman's Blues) el folk comenzó a impregnar todas sus canciones, y donde antes había auténticos trallazos sónicos, ahora sonaban melodías aptas para ser oídas entre pinta y pinta en un pub irlandés.
Y no, no es que fueran malas canciones, en absoluto. Pero, en mi opinión, nada volvió a ser como antes.
Para terminar la breve reseña les dejo de propina, junto al streaming de rigor, el sueño de todo muchacho irlandés. Una fiestecita de la escuela, y de pronto, ¿quién aparece? El mismísimo Mike Scott bordadndo en acústico The Whole of the Moon.
Zaz es una cantante francesa de 31 años, que con su primer LP ha vendido 600.000 álbumes en Francia (donde evidentemente lo del pirateo se lo toman con más calma que aquí), 200.000 en Alemania, y unas cuantas decenas de miles más en el resto de Europa. En otras palabras: ha arrasado en el viejo continente y ahora mismo es la cantante francesa nº 1 a nivel mundial.
Justo es reconocerle una voz fresca, potente y lejos de todo amaneramiento, y una imagen que evidencia que no está obsesionada por la estética. Casi igual que en España, donde oscilamos entre las copias pijas de los grupos anglosajones (¿o es que un francés reconocería ésto como un grupo español?) o, directamente, lo indescriptible.
No voy a perder tiempo haciendo un panegírico de Astor Piazzolla.
A mí me basta con decir que llevó el tango a un nivel nunca antes alcanzado y que seguramente nunca volverá a alcanzar, un plano en el que se hablaba de tú a tú con otros géneros como el jazz y la música clásica y en el que por primera vez se lo puede valorar como género mayor.
Para quien no lo conozca dejo dos de sus composiciones más conocidas, dos impresionantes obras maestras (en Telecinco, suponiendo que por error emitieran esto, seguro que lo llamarían dos putas obras maestras).
... del adiós definitivo de Bob Marley. Comocí de verdad su música cuando estudiaba Económicas (es un decir) en Valencia. Desde entonces no ha cambiado mi opinión respecto a su obra: con esas rastas, esa pinta eterna de fumao... un músico genial.
Ya hablamos alguna vez en este blog de Soft Cell, aquel grupo tecno de los primeros ochenta formado por un genio de los teclados (Dave Ball), y una reinona del escenario con una voz inesperadamente expresiva y magnífica (Marc Almond). Los conocí de pequeño a través de mi hermano, por aquel entonces ya muy aficionado a la música inglesa. Recuerdo que un día trajo el maxi-single (todos sabéis todavía lo que es, no?) de uno de sus sencillos, What!. Lo oí con mucha frecuencia. Y nunca me pareció por aquel entonces una gran canción. Sencillamente me resultaba aburrida.
Pero unas décadas después me descargaba el mp3 de la canción, y oh, sorpresa, al escucharla pensaba "pero qué puta maravilla". ¿Qué había pasado? ¿Tanto había cambiado yo? ¿Tanto habían cambiado mis gustos?
No, no era nada de eso. El secreto radicaba en que yo había conocido la canción sólo a través de su versión extendida, con una duración de más de 9 minutos. Y al escuchar el mp3, éste era el de la versión original, que no llega a los tres minutos. Y es una joya pop. Y como toda joya pop, una de sus características es la fugacidad, el fulgor instantáneo, el brillo breve pero intenso . Y como tal, no se puede alargar artificialmente, destruyes su esencia. ¿Os imagináis She loves you de los Beatles con una extensión de diez minutos? Sería algo horrible, aburrido, insoportable. Pero tarde décadas en descubrirlo.
El vídeo tiene cierto encanto naif que lo hace digerible, aquí os lo dejo.
Ingrid Michaelson no ha reinventado el pop, ni escribe canciones trascendentes y profundas sobre el ser y la nada. Son sólo cancioncillas pop, pero muy bien hechas, bien cantadas y bien desarrolladas. Así que si os apetece un poco de relax mental sin complicaciones, hay que conseguir el LP "Everybody" y escucharlo.