El pop español se ha nutrido tradicionalmente de la imitación de modelos foráneos o de la pura y simple chabacanería musical. Este diagnóstico se puede hacer extensible a los grupos de la supermitificada “movida madrileña” (o valenciana, o vasca, que tanto vale) expresión que a algunos les traerá buenos recuerdos y a otros no les sonará de nada (según la edad que se tenga). No obstante hubo grupos con magnificas canciones, la mayoría olvidados hoy en día. Uno de ellos fue 21 Japonesas, elegante combo pop que supo dar a luz refinadas composiciones que han resistido con algo más que dignidad el paso del tiempo.
Hay canciones de tal poderío que hasta la versión más abyecta no logra eliminar toda su grandeza. Por otra parte, en esos casos la calidad del original va en contra del copión mejor intencionado, ya que la comparación siempre favorecerá a la versión inicial. Thunder Road es una canción antológica del gran Springsteen, adorada por sus acólitos y fácil de disfrutar por los que como yo, no lo son.
Los sabios Cowboy Junkies se atrevieron a versionearla, y consiguieron no quedarse tirados en la cuneta, mediante el simple método de ser fieles a su estilo. Un original enorme, y una copia rotunda.
Una de las mejores canciones de U2 es sin duda One, emotiva oda a la fidelidad monogámica (o algo así). La alianza que en el 2007 realizaron U2 y Mary J Blige para versionear la misma (autoversionear, los primeros), no hacía presagiar nada bueno: mezcla imposible de estilos, artefacto para escalar los charts sin respeto por la propia historia… pero, oh sorpresa, la rotunda voz de la Sra. Blige y la calidad de la canción se sobrepusieron a los peores indicios, convirtiéndose en un jugoso bocado pop.
Los Cowboy Junkies llevan ya 24 años haciendo una música personalísima y para muchos (entre los que suscribo) refinada y magnética. La profunda y sugerente voz de su vocalista, Margo Timmins, la extraña forma pausada de muchas de sus composiciones y la refinada instrumentación crea piezas de extraña belleza, aun en las modalidades más rockeras, como en la hipnótica Common Disaster. Algunos de mis amigos que los escucharon los tildan de aburridos, otros de complicados. Personalmente me parecen accesibles y de un nivel musical muy por encima de la media general. Refugiados en su propia productora, renunciaron hace años a los grandes sellos musicales, apostando por hacer su propio camino alejado de cualquier divismo. La pequeña muestra que aportamos hoy en este humilde blog es no obstante una versión (hacen muchas, todas brillantes) de la magnífica Powderfinger, de Neil Young. Una gran canción y una más que sobresaliente versión.
Andrés Calamaro es junto a Fito Páez el mejor compositor argentino de los últimos quince años. Exacerbado, excesivo, tras su paso por Los Rodríguez demostró que no le importaba hacer buenas piezas disco o pequeñas joyas del pop, o sacar como si tal cosa un quíntuple disco con material completamente nuevo. Para mí sin duda una de sus mejores creaciones es "Estadio Azteca", una hermosa canción sobre derrota y fracaso (eeh... va sobre eso, no?).
La semana ha sido dura, así que lo mejor será relajarse con este precioso y no tan conocido tema de la Voz. Si el amor fue bueno para él, sus canciones son buenas para nosotros.
Julie London fue una bella y elegante actriz y cantante que desarrolló su carrera desde los años 50 hasta finales de los setenta. Debo reconocer que ha sido para mí todo un descubrimiento; pero es lo que pasa con los clásicos, nunca pierden su vigencia. Su voz, comedida, magnética y sensual, era ideal para el estilo en boga de la música popular de entonces en USA, y escuchada medio siglo después sigue provocando el mismo encantamiento sonoro. Su clásico por excelencia fue Cry Me a River, aunque son muchas las canciones suyas dignas de revisitar.
Personalmente el escucharlas me hace evocar ese estilo tan propio de los años 50 en el cine y la música, lleno de galanes siempre en traje, peinados perfectos, mini-bar en el salón, volutas de humo de cigarrillo y miradas femeninas gélidas pero sugerentes. Rock Hudson y Doris Day, Sinatra y el Rat Pack, o la revisión que hiciera George Cloonie en Buenas Noches y Buena Suerte. Unos símbolos y un estilo que se verían poco a poco difuminados en la revolución visual, estética y musical de los años sesenta. No obstante, la sra. London (y perdónenme el tópico) mejoró con la edad. Pueden verla (y admirar su estilo) en este show en directo de 1964, donde se marca una actuación que tiene lo suyo. O si no, en una magnífica versión: la de la (en mi opinión) muy sobrevalorada Light my fire de los Doors, de la que en 1969 hizo una pausada y distanciada revisión, que en cierto modo anticipaba la actitud de muchos estilos que vendrían después (lounge, chill out...):
(aunque me resulta difícil de creer, el álbum en el que estaba esta versión fue el último que publicó, al quebrar Liberty, su discográfica de siempre).
Simple Minds fue un grupo proveniente del punk escocés, que tuvo su particular momento estelar con Dont’ you forget about me (hit mundial del que hoy nadie se acuerda, y que sería como en tantas otras ocasiones el comienzo de su decadencia musical).
Pero antes de ello, y en su anterior LP, fueron capaces de pergeñar todo un clásico pop: Waterfront, tema de excepcional grandeza sonora, (y de absurda letra por cierto) que, escuchado veinticinco años después, se constata que ha sabido resistir el paso del tiempo con dignidad, y hasta con garbo.
Y por cierto, que no era la única joya del magnífico LP "Sparkle in the Rain". Otra digna de recordar es Speed Your Love...
Hace pocos días hablábamos de un brillante momento pop de Sinead O'Connor y The Edge. Pero no me basta (al menos a mí). Sobretodo cuando podemos disfrutar de la maravillosa voz de Sinead en directo, y con una tan bella canción. Vean, escuchen (hasta la parte final por favor), y cuéntenme luego.
Sinead O'Connor conquistó el olimpo musical (tanto a nivel comercial como artístico) con su majestuosa versión de un tema olvidado de Prince, Nothing Compares to You, que además supo acompañar con un precioso vídeo, basado tan sólo en un primer plano de su rostro, de perfecta simetría. Tras ello, decidió lanzarse voluntariamente a los infiernos, cuando se atrevió a criticar en público a Juan Pablo II. Seguramente lo hizo en un momento y lugar totalmente equivocados. No obstante, siempre me llamó la atención que a partir de entonces, el supuestamente progresista y liberado público rock juvenil le masacró en cada aparición pública. Hipocresía profunda, o tal vez es que los jovencitos imberbes tenían inoculados sin saberlo algunos dogmas de lo políticamente correcto. De una forma u otra, lo cierto es que la voz de Sinead es una de las más hermosas del panorama anterior, actual y futuro. Y cuando se juntó con The Edge (ya saben, el alma de U2) para hacer el tema de la banda sonora de una película (Captives), el resultado fue una pequeña gran joya pop, tanto por la canción en sí como por la sensibilidad que sabe poner su intérprete a la hora de jecutarla. Heroine, de Sinead O'Connor y The Edge.