Los géneros musicales tradicionales (rock, pop, funk, soul, etc) cada vez tienen menos sentido en una época como la nuestra en que la mezcla comercial, el mix destinado a las listas de éxitos, es lo que predomina. El fenómeno no es nuevo, pero últimamente hemos tenido ejemplos dignos de figurar en el museo de los horrores. Porque veamos: que la espectacular Beyoncé comparta movimientos de caderas con Shakira puede ser algo hasta lógico bajo la óptica del marketing (dos productos semejantes pueden hacer casi siempre una buena combinación). Que la texana realice single y vídeo con Lady Gaga es casi inevitable (y sorprendentemente, la canción tiene su punto). Pero el asunto toma un cariz preocupante cuando descubrimos al inefable Alex Lumbago compartiendo tema con Craig David, adalid de los solistas-de-color-moñas (que lleva por cierto diez años haciendo la misma canción). El resultado es un poco (muy) estomacante. Y la cuestión alcanza límites insospechados y realmente hirientes cuando descubrimos, contra todo orden establecido de valores, contra toda lógica universal, al ínclito Alejandro Sanz con la actual reina del soul, la casi siempre fantástica Alicia Keys. La mezcla es indigerible, y no me puedo dejar de imaginar, cada vez que la oigo, al ejecutivo de la discográfica explicándole a la cantante “Alicia, queremos introducir a un español muy majete en el mercado norteamericano, y contamos contigo para que nos eches una mano”. Realmente, los berridos del señor Sanz diciendo “oh mai sister” merecen estar en una antología de simas de la historia de la música. Pero como nadie se merece un post que acabe con semejante despropósito, una vez más echaré mano de la historia para acabar con buen sabor de boca: ya dije que el fenómeno no es nuevo, y podemos encontrar ejemplos sorprendentes como éste: el siempre grandioso Marvin Gaye vacilando con una irreconocible Tina Turner (sí, es ella), en una mezcla de canciones que anticipaba lo que hoy conocemos como mash-up.
Y puestos a poner mezclas, les dejo una muy interesante, un mashup en el que se fusionan un clásico del grupo por antonomasia, con Oasis, uno de sus mejores imitadores:
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