Con este post comienzo una serie dedicada a aquellos músicos blancos que a lo largo de su carrera o en algún momento de ella se dedicaron a hacer música negra, vía versiones (lo más habitual) o con material propio. La crítica musical, con esa manía tan suya de etiquetar, lo llamó en su momento Blue-eyed soul (una auténtica tontería). Lo cierto es que en muchas ocasiones los mejores frutos musicales han nacido de la confluencia de las dos razas. No es casualidad que una de las mejores canciones de la historia (Sittin' on the dock of the bay)la compusieran Otis Redding y un señor blanco llamado Steve Crooper (una de las alma matter de la inolvidable Stax). El propio Prince no es negro, sino mulato. Y como alguna vez he comentado, por mucho que le pese a los puristas, el blues, el soul e incluso el gospel no están tan distanciados del country como pudiera parecer, y no son pocos los cantautores negros que han versioneado clásicos country (Ray Charles el primero). Bueno, dejemos las disgresiones a un lado y vayamos al bife: Una buena manera de empezar la serie (cuya extensión ignoro), es con un señor de prestigio bien ganado, y que además suele versionear los clásicos de la música negra con el detalle y el nivel de autoexigencia habitual en toda su obra: Ñoras, ñores, con ustedes el gran Paul Weller, versioneando el clásico por antonomasia de la black music de los setenta.