El pobre viejo Bill es un rotundo relato de piratas lleno de humor negrísimo, misterio y saludable brevedad. Y por cierto, la tercera vez que traemos una creación del gran Dunsany a este (¿repetitivo?) blog. En una antigua guarida de marineros, una taberna del puerto, se apagaba la luz del día. Frecuenté algunas tardes aquel lugar con la esperanza de escuchar de los marineros que allí se inclinaban sobre extraños vinos algo acerca de un rumor que había llegado a mis oídos de cierta flota de galeones de la vieja España que aún se decía que flotaba en los mares del Sur por alguna región no registrada en los mapas.
Mi deseo se vio frustrado una vez más aquella tarde. La conversación era vaga y escasa, y ya estaba de pie para marcharme, cuando un marinero que llevaba en las orejas aros de oro puro levantó su cabeza del vino y, mirando de frente a la pared, contó su cuento en alta voz: Cuando más tarde se levantó una tempestad de agua y retumbaba en los emplomados vidrios de la taberna, el marinero alzaba su voz sin esfuerzo y seguía hablando. Cuanto más fosco hacía, más claros relumbraban sus fieros ojos.) Un velero del viejo tiempo acercábase a unas islas fantásticas. Nunca habíamos visto tales islas. Todos odiábamos al capitán y él nos odiaba a nosotros. A todos nos odiaba por igual; en esto no había favoritismos por su parte. Nunca dirigía la palabra a ninguno, si no era algunas veces por la tarde, al oscurecer; entonces se paraba, alzaba los ojos y hablaba a los hombres que había colgado de la entena. La tripulación era levantisca. Pero el capitán era el único que tenía pistolas. Dormía con una bajo la almohada ...
O más bien grandes. La historia de Pixar es un imprescindible documental sobre la trayectoria de la única empresa que ha aportado imaginación (y obras maestras) al cine de la última década y media. Y la página web en que lo encontré alojado es digna de repasar.
Sí, de acuerdo, era un playback descarado (tal vez uno de los primeros de la televisión americana), y los dos hermanos Isley que hacían los coros no se habían esforzado mucho en preparar una coreografía, que digamos, pero... eso era ritmo, por Dios!
La semana ha sido dura, así que lo mejor será relajarse con este precioso y no tan conocido tema de la Voz. Si el amor fue bueno para él, sus canciones son buenas para nosotros.
Y... sí, las escasas personas que combinen la pasión por Beethoven con la pasión por los teleñecos, seguramente sean un poco frikis. Pero... bueno, a mí me encantan los muppets.