Hoy toca recordar dos pequeños clásicos grabados en fechas muy cercanas por dos maestros que en cierta forma representan las dos caras musicales de los maravillosos años 70.
La primera corresponde al maravilloso vocalista Billy Paul. Una canción mucho menos conocida que cualquiera de sus grandes éxitos pero un modelo de sensibilidad, dulzura y saber hacer. Una melodía maestra de los genios del philadelphia sound Gamble y Huff, suntuosamente arreglada (como siempre) con un colchón evanescente de cuerdas, perfectos coros y la voz i-ni-gua-la-ble del señor Paul. Tal vez no entre tan fácil como Your Song pero si lográis limpiar un poco la mente de la basurilla del día antes de darle al play, os garantizo una escucha gozosa.
El segundo… el segundo es otro pequeño clásico de uno de los iconos de este blog, el genio Sly Stone (y cuanto más lo oigo más suelto sin duda alguna el calificativo). Es tiempo de vivir, y Sly Stone lo sabía mejor que nadie.
Ah, y en directo (como siempre) también lo bordaba.
A todos los que nos gusta la música (música, eh?, no Bisbal, ni Alejandro Sanz, ni siquiera Marlango) nos resulta evidente que las canciones (las buenas, quiero decir), nos muestran cómo sus autores (o sus intérpretes, según) veían el mundo en el momento de crearlas o interpretarlas. De forma que al oírlas, podemos en cierta forma compartir en tiempo real la visión personal que de la realidad (o de una parte de ésta) tenía su autor.
Hoy voy a poner dos ejemplos que me parecen perfectos (al fin y al cabo una excusa más para colgar canciones de soul)
Sólo alguien con una visión positiva de la vida, una fe inquebrantable en la bondad del alma y un mundo interior donde la fe (en sentido amplio) ocupa un lugar preponderante (aparte de ser un genio musical claro), puede hacer una canción tan maravillosamente optimista, brillante e inolvidable como ésta.
Por otra parte, tal vez es necesario haber sido madre a los quince años, y haber dado algunos tumbos por la vida, para poder explicar ese viejo dicho de que “a las chicas nos gustan los chicos malos” sin caer en tópicos o blandenguerías sino todo lo contrario, hacer una obra maestra en forma de canción. La verdad es que decir “eres un mentiroso, un sucio tramposo, no eres bueno para mí, pero qué quieres, nadie me ha hecho sentir como tú”, puede resultar algo terrible, salvo que se cante como esta mujer lo hacía.
El sello Motown hizo historia en la música negra, con su apabullantes equipos de composición, sus impresionantes (y anónimos) músicos profesionales, y las estupendas voces de sus cantantes solistas y grupos. Todos conocemos a su aristocracia musical: Stevie Wonder, Marvin Gaye, Smokey Robinson, The Temptations, The Supremes, etc etc, la lista es extensísima.
Sin embargo al catálogo de Motown es aun más extenso y profundo: su producción musical fue de un volumen apabullante. Y dentro de ese catálogo se puede encontrar todo tipo de (sobre todo) grupos que tuvieron (aunque no siempre) su pequeño momento de gloria, que difícilmente habrían alcanzado si no hubieran tenido detrás la maquinaria de la discográfica de Detroit. Es la "otra" Motown. Uno de esos grupos, desaparecidos en los márgenes de la historia musical, fue The Elgins. Con una solista dotada de una hermosa y cálida voz, tuvieron dos hits, que vale la pena rescatar. Oídos ahora, en esta época de hypes y sobresaturación, suenan anticuados, pausados, extraños incluso. Pero a su vez nos retrotraen al mundo evocado por todas las canciones de la Motown (siempre intrascendentes y optimistas). Un mundo, más que falso, inexistente, donde todo es melodía, euforia, ingenuidad.
D.J. Rogers es uno de los grandes olvidados de la década prodigiosa de la música negra. Injusta y sorprendentemente, desde luego. Dotado de una profunda e impetuosa voz, sus canciones eran con mucha frecuencia simplemente maravillosas. Como la que adjunto, que tiene un estribillo de una elegancia y fuerza que no, no, no encuentras en ninguna canción de esta década (ni de la pasada). Relajad los oídos y perderos en esa voz femenina que surge de entre los acordes.
Son las dos de la madrugada del domingo, y he decidido dejar el trabajo para continuar mañana. Así que no se me ocurre nada mejor antes de acostarme que recuperar a un refinado soulman de los setenta, con una hermosa y profunda voz, el un tanto olvidado Luther Ingram, que sin embargo arrasó en su momento con (entre otros), todo un clásico de la música negra "If loving you is wrong (I don´t want to be in right)".
Y demostrando que en directo se defendía mejor que en los discos. Un pedazo de canción y un pedazo de interpretación. Qué difícil encontrar en estos tiempo salgo parecido en vivo, ¿no?
Los Delfonics eran un puro lujo musical: perfectas armonías vocales, arreglos sedosos y envolventes, brillantes melodías. Hasta el siempre exigente Prince versioneó uno de sus temas más conocidos.
Didn't I (Blow Yor Mind This Time) es uno de sus mejores temas, interpretados en este vídeo del legendario programa "Soul Train" con la estética orgiásticamente multicolor tan propia de los primeros setenta, y que siempre me resulta fascinante (junto a las coreografías, claro).
Ya comenté en algún post anterior una de las cosas más atractivas de esa década maravillosa para la música negra que fueron los fascinantes años setenta: es tal su riqueza sonora, tal la abundancia de talento compositivo e interpretativo, que por mucho que escarbes nunca dejas de encontrar joyas ocultas y semiolvidadas, canciones redondas que parece que te han esperado más de treinta años sólo para que tú las descubras y las disfrutes.
Y esa tarea arqueológica-musical es ahora muchísimo más sencilla que antes, gracias a internet. Se acabó recorrer las ferias del disco, revisar cientos de singles antiguos manchándote las manos de mierda una sustancia negruzca que es el polvo acumulado de décadas, ya no es necesario buscar semiperdidas enciclopedias de la música negra en inglés. No, ahora basta con recorrer muchos de los ignotos pero generosos blogs en inglés dedicados al soul, en los que sin pedir nada a cambio ponen a tu disposición álbumes que de otra manera nunca llegarías a conocer.
¿Un ejemplo? Bien, si nos hablan de un LP llamado "Totally Tata", editado por Motown en 1975 (justo cuando la gloriosa discográfica comenzaba a perder pie), interpretado por una tal Tata Vega y con una portada como la que veis a la izquierda, la reacción inicial puede ser (fue la mía), "Huyamos!". Pero cuando te dignas a oírlo, descubres un álbum casi redondo, con pequeñas maravillas como la que acompaño: Come in Heaven, una canción que parece recoger lo mejor del sonido de Marvin Gaye de aquella época, con preciosos coros y una delicadeza melódica que ya quisieran muchos autores actuales.
Si se quiere encontrar un clásico a recordar de la dorada década de los setenta, hay un método muy sencillo: tomar cualquier canción de entre los LPs que Curtis Mayfield editara en su primer lustro. El éxito está garantizado. Ésta es una de las que más me fascinan, de su primer álbum en solitario (Curtis, de 1970). Una preciosa joya.