"Philip K. Dick fue el hombre que me convenció, siquiera durante la duración de una novela, de que podía existir una sociedad cuya moneda de curso legal fuera la mermelada de naranja"
El imagimado por Philip K. Dick, rey literario de los conspiranoicos, en su novela "Mundo Contrarreloj":
"Estaba amaneciendo y una voz mecánica y chillona declaró: «Muy bien, Appleford. Es hora de levantarse y de demostrarles quién eres y de qué eres capaz. Un gran chico, ese Douglas Appleford; todo el mundo lo sabe... Me parece oírles decir, un gran chico, un gran talento, hace un gran trabajo. Tiene un público muy numeroso que le admira —una pausa—. ¿Ya estás despierto?» Appleford, desde la cama, dijo: —Sí —se incorporó, paró el despertador de voz chillona que tenía en la mesilla."
¿Es nuestra realidad lo que creemos que es? ¿O tan solo una mera ilusión? Mucho antes de que llegara Matrix (e incluso antes de cierto predecesor argentino), Philip K. Dick había puesto en el cuerpo central de su producción esta duda terrible, esa posibilidad de descubrir que no somos quienes creemos que somos, que el mundo que nos rodea no es real.
Junto a su incertidumbre más famosa, la de no ser humano sino tan sólo (o nada menos que) un sofisticado replicante con los recuerdos implantados, PKD laboró otras angustiosas novelas y relatos cortos en los que el leif motiv es la duda-certeza de que somos sólo reflejos pálidos de otra realidad. Así, tenemos la cínica, descorazonadora y cruel A maze of death(Laberinto de muerte), novela respecto a la cual tengo pocas dudas que los creadores de "Lost" la han leído más de una vez: un grupo de personas sin conexión alguna entre sí, varados en un extraño planeta, esperando a algo o a alguien, encontrándose con extraños acontecimientos, y adentrándose en la desazón a medida que pasan los días… la explicación al misterio, la dejo para el final de la sexta temporada :-) . Y junto a esta, la genial Ubik, pequeña gran obra maestra del sinsentido, de la paranoia existencial y militante, capaz de irritar y asombrar a partes iguales, y, al igual que muchas otras de sus creaciones, argumento perfecto para una película que sin embargo sólo podría filmar en condiciones (de eso no tengo duda) un Terry Gilliam en sus momentos más desbocados. Hay otras novelas y muchos relatos cortos de Dick que juegan con ese delgado filo entre la locura y la cordura, entre lo normal y lo aberrante… pero descubrirlos tal vez sea misión de quien quiera ir más allá de Blade Runner.
No hay que dejarse llevar nunca por los impulsos. Y menos aún si eres el piloto de un pequeño carguero espacial y te relacionas con otras razas, cuyo concepto del crimen y castigo puede superar en imaginación y refinamiento todas nuestras expectativas. Dick nos lo demuestra en dos páginas.