Tercer veranito que encaramos en este humilde pero intrascendente blog. Como sabéis la repetición es la base de las tradiciones, y las tradiciones ennoblecen las instituciones, y las instituciones esclerotizan la sociedad, y lo mejor es que acabe esta frase sin más y vuelva a empezar. Como decía, tercer veranito, y tercer post veraniego, en el que como siempre os ofrezco una canción bonita, un vídeo bonito y un libro boniiiiiito. Vamos allá Para empezar, todo un clásico del rock sureño (con un famosisimo solo de guitarra), con sabor a autopistas inhóspitas, polvorientos bares de carretera y sombreros tejanos sobre Harleys Davidson. Freebird, de los intraducibles Lynyrd Skynyrd.
Luego, un vídeo muy especial, un trío insólito, los grandes Diana Krall, George Benson y Erykah Badu recreando un estándar (Puedo darte cualquier cosa excepto amor).
¿Y el libro del verano? Pues uno de los últimos libros de cuentos de Borges, que sin alcanzar las cimas de tres décadas antes contiene un relato magnífico y que da título al volumen:
Blue eyes, blue eyes What’s the matter matter Blue eyes, blue eyes What’s the matter matter so blind, so blind What’s the matter, matter Blue eyes, blue eyes What’s the matter with you?
La década de los setenta (la mejor sin duda en la historia de la música negra), está llena de pequeñas gemas ocultas, que dormitan agazapadas hasta que algún semidesconocido blog o radio on-line te la hace conocer. Entonces despliegan sus ondas sonoras y llegan a nuestro cerebro frescas como el primer día, limpias de polvo y paja, directas y sencillas. Como todas las cosas buenas de este mundo.
Los fabulosos Isley Brothers es uno de los grupos históricos de la música negra, con un maravilloso vocalista (Ronald Isley) y un puñado de mágicas canciones. Ésta la he descubierto gracias a la sofisticada Sensaciones sonoras.
En ocasiones, una sola canción alcanza tal éxito que empuja a su intérprete al altar supremo de la gloria efímera al tiempo que lo condena al ostracismo posterior, privándole de cualquier posibilidad de desarrollar una carrera exitosa. El peso de la odiosa y trivial comparación se ocupará inexorablemente de que sus creaciones ulteriores sean eclipsadas por un juicio sumario que sentenciará su destierro al anonimato o -en el mejor de los casos- , al seguimiento de una exigua minoría de fieles. El fenómeno es conocido, tiene un sinfín de exponentes y a mí, hoy, me apetece mencionar el del señor Colin Vearncombe, también conocido como Black. Black compuso en 1985 la canción Wonderful Life, una pieza simple, que transmite una confusa sensación en la que se mezclan melancolía y ánimo, y que se instala en tu cabeza nada más oírla, para acompañarte durante mucho tiempo sin que nunca te moleste su visita. Quizás contribuyan a su particularidad la insistente melodía, el irónico mensaje, los arreglos marcados por una instrumentación elegante y poco convencional, y desde luego, la espesa al tiempo que suave voz de Black. En cualquier caso, al pobre Colin su composición lo enganchó por el pellejo y lo zarandeó por la espiral de la gloria y ostracismo que he intentado describir al comienzo de este desvarío, digo post. Siguió vendiendo bastantes discos durante unos años, pero nada parecido con el destello y resplandor de su pequeña obra maestra. En la actualidad, el Sr. Colin Vearcombe sigue con su carrera y acaba de sacar un nuevo disco de escucha realmente agradable, pero en fin, el fenómeno es ineludible y para muchos de nosotros Black seguirá siendo siempre sinónimo de su one hit wonder, Wonderful World, una genialidad que, desde mi humilde punto de vista, justifica su consideración como artista a recordar.
Los géneros musicales tradicionales (rock, pop, funk, soul, etc) cada vez tienen menos sentido en una época como la nuestra en que la mezcla comercial, el mix destinado a las listas de éxitos, es lo que predomina. El fenómeno no es nuevo, pero últimamente hemos tenido ejemplos dignos de figurar en el museo de los horrores. Porque veamos: que la espectacular Beyoncé comparta movimientos de caderas con Shakira puede ser algo hasta lógico bajo la óptica del marketing (dos productos semejantes pueden hacer casi siempre una buena combinación). Que la texana realice single y vídeo con Lady Gaga es casi inevitable (y sorprendentemente, la canción tiene su punto). Pero el asunto toma un cariz preocupante cuando descubrimos al inefable Alex Lumbago compartiendo tema con Craig David, adalid de los solistas-de-color-moñas (que lleva por cierto diez años haciendo la misma canción). El resultado es un poco (muy) estomacante. Y la cuestión alcanza límites insospechados y realmente hirientes cuando descubrimos, contra todo orden establecido de valores, contra toda lógica universal, al ínclito Alejandro Sanz con la actual reina del soul, la casi siempre fantástica Alicia Keys. La mezcla es indigerible, y no me puedo dejar de imaginar, cada vez que la oigo, al ejecutivo de la discográfica explicándole a la cantante “Alicia, queremos introducir a un español muy majete en el mercado norteamericano, y contamos contigo para que nos eches una mano”. Realmente, los berridos del señor Sanz diciendo “oh mai sister” merecen estar en una antología de simas de la historia de la música. Pero como nadie se merece un post que acabe con semejante despropósito, una vez más echaré mano de la historia para acabar con buen sabor de boca: ya dije que el fenómeno no es nuevo, y podemos encontrar ejemplos sorprendentes como éste: el siempre grandioso Marvin Gaye vacilando con una irreconocible Tina Turner (sí, es ella), en una mezcla de canciones que anticipaba lo que hoy conocemos como mash-up.
Y puestos a poner mezclas, les dejo una muy interesante, un mashup en el que se fusionan un clásico del grupo por antonomasia, con Oasis, uno de sus mejores imitadores:
Ya es domingo. Una excusa como otra cualquiera para echar la vista atrás, y recuperar un clásico de entre clásicos de la insigne Motown. Marta Reeves tenía un pedazo de voz (no como la tontaina de Diana Ross), y si en la composición estaba el trio mágico de Lamont Dozier, Eddie Holland y Brian Holland (autores de los más memorables éxitos de la discográfica de Detroit), el resultado no podía ser otro que una canción perfecta para ponerla a tope en el equipo musical y empezar a dar saltos y piruetas. El vídeo tiene el encanto y la ingenuidad de lo antiguo, pero la canción, madre mía... toda una ola de calor es lo que me da al oírla, cuarenta y cuatro años después.
Hace pocos días hablábamos de un brillante momento pop de Sinead O'Connor y The Edge. Pero no me basta (al menos a mí). Sobretodo cuando podemos disfrutar de la maravillosa voz de Sinead en directo, y con una tan bella canción. Vean, escuchen (hasta la parte final por favor), y cuéntenme luego.
Los grupos pop nacen, crecen y mueren (y en ocasiones hasta se reproducen). La mayoría sin pena ni gloria, sus componentes suelen abandonar pronto su sueños juveniles y empiezan a trabajar con su tío carnicero, o vuelven al puesto de botones que pensaron dejar atrás, o se convierten en eficientes ejecutivos con familia e hipoteca. Nada nuevo. Algunos sin embargo tienen su pequeño momento de esplendor, que inclusive puede ser grande y dejarles sus bolsillos repletos de billetes. Pero una cosa es la música y otra el dinero. The Killers es un grupo americano que suena como un grupo inglés. Creado en Las Vegas, tiene ya tres discos editados, y mucho mucho éxito, pero su inspiración ya ha desaparecido y son pasto del peor mainstream. Pero, sí, tuvieron su momento...
Nostalgia tecnochentera El cuarentón de mi hermano me sugirió postear sobre algunas vídeo-reliquias de la era tecno. Nada más alejado de mis intenciones, porque el pasado es pasado y más cuando sientes que algunas canciones nunca recuperarán el entorno y el aura que tuvieron para uno originalmente. No
obstante, y una vez repasadas las canciones, es de justicia reconocer
que alguna de ellas mantienen buena parte de su encanto y que, incluso,
han resistido el paso del tiempo mucho mejor que lo que lo harán
algunas de las supuestas "magnas obras" de la década actual. Así que, ahora que nadie me ve, les dejo estos vinculitos, pero no se lo digan a nadie...