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El valor del trabajo manual

Como casi todos vimos la película, ya sabemos que Truman Capote fue un genio refinado, gay y un tanto pretencioso. Así que no voy a escribir nada sobre el sujeto, que para eso está la wikipedia o esta página. Lo que sí haré es recordar un relato suyo que siempre me pareció magistral.

FÉRETROS TALLADOS A MANO
Narración verídica de un crimen americano
 
 
Que lo disfruten







capote, relatos
(23/12/2009) - 365 visitas - 0/10 puntos - 0 opiniones añadir comentario - Literatura



Pequeñas Pausas Piratas (XXVI): Poor Old Bill

El pobre viejo Bill es un rotundo relato de piratas lleno de humor negrísimo, misterio y saludable brevedad. Y por cierto, la tercera vez que traemos una creación del gran Dunsany a este (¿repetitivo?) blog.

En una antigua guarida de marineros, una taberna del puerto, se apagaba la luz del día. Frecuenté algunas tardes aquel lugar con la esperanza de escuchar de los marineros que allí se inclinaban sobre extraños vinos algo acerca de un rumor que había llegado a mis oídos de cierta flota de galeones de la vieja España que aún se decía que flotaba en los mares del Sur por alguna región no registrada en los mapas.

Mi deseo se vio frustrado una vez más aquella tarde. La conversación era vaga y escasa, y ya estaba de pie para marcharme, cuando un marinero que llevaba en las orejas aros de oro puro levantó su cabeza del vino y, mirando de frente a la pared, contó su cuento en alta voz:
Cuando más tarde se levantó una tempestad de agua y retumbaba en los emplomados vidrios de la taberna, el marinero alzaba su voz sin esfuerzo y seguía hablando. Cuanto más fosco hacía, más claros relumbraban sus fieros ojos.) Un velero del viejo tiempo acercábase a unas islas fantásticas. Nunca habíamos visto tales islas. Todos odiábamos al capitán y él nos odiaba a nosotros. A todos nos odiaba por igual; en esto no había favoritismos por su parte. Nunca dirigía la palabra a ninguno, si no era algunas veces por la tarde, al oscurecer; entonces se paraba, alzaba los ojos y hablaba a los hombres que había colgado de la entena.
La tripulación era levantisca. Pero el capitán era el único que tenía pistolas. Dormía con una bajo la almohada ...

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dunsany, pequeñas pausas, piratas, relatos
(18/11/2009) - 359 visitas - 0/10 puntos - 0 opiniones añadir comentario - Literatura



Corazones Solitarios

Parece que algún lector se sintió un tanto "tocado" por la elevada  violencia del relato que colgué del gran Rubem Fonseca. Para compensar, les ofrezco hoy un nuevo relato del mismo autor que descubrí ayer y que me parece brillante, repleto de humor y hasta ternura.  El relato que a muchos nos gustaría escribir.

Yo trabajaba en un diario popular como repórter de casos policiacos. Hace
mucho tiempo que no ocurría en la ciudad un crimen interesante, que envolviera a una rica y linda joven de la sociedad, muertes, desapariciones, corrupción, mentiras, sexo, ambición, dinero, violencia, escándalo.
Crimen así ni en Roma, París, Nueva York, decía el editor del diario, estamos en un mal momento. Pero dentro de poco cambiará. La cosa es cíclica, cuando menos lo esperamos estalla uno de aquellos escándalos que da materia para un año. Todo está podrido, a punto, es cosa de esperar.
Antes de que estallara me corrieron.
Solamente hay pequeño comerciante matando socio, pequeño bandido matando a pequeño comerciante, policía matando a pequeño bandido. Cosas pequeñas, le dije a Oswaldo Peçanha, editor-jefe y propietario del diario Mujer.
Hay también meningitis, esquistosomosis, mal de Chagas, dijo Peçanha.
Pero fuera de mi área, dije.
¿Ya leíste Mujer?, Peçanha preguntó.
Admití que no. Me gusta más leer libros.
Peçanha sacó una caja de puros del cajón y me ofreció uno.
Encendimos los puros. Al poco tiempo el ambiente era irrespirable. Los puros eran corrientes, estábamos en verano, las ventanas cerradas, y el aparato de aire acondicionado no funcionaba bien.
Mujer no es una de esas publicaciones en color para burguesas que hacen régimen. Está hecha para la mujer de la clase C, que come arroz con frijoles y si engorda es cosa suya. Echa una ojeada.
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relatos, ruben fomseca
(04/11/2009) - 315 visitas - 0/10 puntos - 1 opiniones añadir comentario - Literatura



El Cobrador


Rubem Fonseca es un magnífico escritor brasileño, de los que no daré referencias porque se pueden encontrar fácilment en la red. El cobrador es uno de sus más conocidos relatos, una historia tallada a navaja, dura, que en mi primera lectura me dejó un recuerdo imborrable.
 

En la puerta de la calle, una dentadura enorme; debajo, escrito, Dr. Carvalho, Dentista. En la sala de espera vacía, un cartel, Espere, por favor, el doctor está atendiendo a un cliente.
Esperé media hora, con la muela rabiando. La puerta se abrió y apareció una mujer acompañada de un tipo grandón, de unos cuarenta años, con bata blanca.
Entré en el consultorio, me senté en el sillón, el dentista me sujetó al pescuezo una servilleta de papel. Abrí la boca y dije que la muela de atrás me dolía mucho. Él miró con un espejito y preguntó por qué había descuidado la boca de aquella manera.
Como para partirse de risa. Tienen gracia estos tipos.
Voy a tener que arrancársela, dijo, le quedan ya pocos dientes, y si no hacemos un tratamiento rápido los va a perder todos, hasta estos – y dio un golpecito sonoro en los de delante.
Una inyección de anestesia en la encía. Me mostró la muela en la punta del botador: la raíz está podrida, ¿ve?, dijo como al desgaire. Son cuatrocientos cruceiros.
De risa. Ni hablar, dije.
¿Ni hablar, qué?
Que no tengo los cuatrocientos cruceiros. Me encaminé hacia la puerta.
Me cerró el paso con el cuerpo. Será mejor que pague, dijo. 
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relatos
(24/10/2009) - 367 visitas - 0/10 puntos - 1 opiniones añadir comentario - Literatura



Pequeñas Pausas (XXIII)

Un magnífico relato,  de un gran blog que ya hemos visitado alguna vez


LA REVANCHA


pequeñas pausas, relatos
(17/07/2009) - 311 visitas - 0/10 puntos - 0 opiniones añadir comentario - Literatura



COLAS DE MANHATTAN (Woody Allen vs Bernie Madoff)

Hace un par de semanas, Abe Moscowitz se murió de un infarto y vino a reencarnar en una langosta. Lo atraparon en la costa de Maine y lo enviaron a Manhattan, donde fue a parar a un tanque de un lujoso restaurante especializado en mariscos. En el tanque había otras langostas, una de las cuales lo reconoció: «¿Abe, eres tú?», preguntó la criatura levantando las antenas.
«¿Quién es? ¿Quién me habla?», dijo Moscowitz, todavía confundido por el místico desbarajuste post-mórtem que lo había transmutado en un crustáceo.
«Soy yo, Moe Silverman», dijo la otra langosta.
«¡A-la-bao!», chilló Moscowitz al reconocer la voz de un antiguo compañero de gin rummy, un juego de cartas.
«Hemos renacido», explicó Moe. «Como un par de langostas de dos libras».
«¿Como langostas? ¿Así es como termino luego de haber vivido una vida justa? ¿En un tanque en Third Avenue?».
«El Señor trabaja de maneras misteriosas», explicó Moe Silverman. «Mira a Phil Pinchuck. El tipo se fue del aire por culpa de un aneurisma, y ahora es un hámster. Se pasa el día corriendo en la estúpida rueda. Durante años fue profesor en Yale. Lo que digo es que a estas alturas le gusta la rueda. Pedalea y pedalea, corriendo hacia ninguna parte, pero con una sonrisa».
A Moscowitz no le gustaba su nueva condición en lo absoluto. ¿Por qué un ciudadano decente como él, un dentista, un hombre a todo que merecía volver a la vida como un águila en pleno vuelo o acurrucado en el regazo —y recibiendo caricias en su pelaje— de una mujer sexy de la alta sociedad habría de regresar ignominiosamente como el plato fuerte en un menú? Era su cruel destino ser delicioso, convertirse en el “Especial del día”, acompañado de una patata asada y un postre. Esto llevó a un debate entre las dos langostas sobre los misterios de la existencia, de la religión, de cuán caprichoso era el universo cuando alguien como Sol Drazin, un pastuzo que ambos conocían del negocio de comida por encargo, había regresado luego de un infarto fatal como un semental que preñaba a unas adorables potrancas de pura raza y recibía por ello altos dividendos. Sintiendo lástima por sí mismo y furioso, Moscowitz nadó de un lado a otro, incapaz de adoptar la resignación budista de Silverman ante la posibilidad de ser servidos a la termidor.
En ese momento, entró en el restaurante y se sentó en una mesa cercana nada más y nada menos que Bernie Madoff. Si Moscowitz se había sentido amargado e irritado con antelación, ahora jadeaba...
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consumismo, relatos, woody allen
(15/04/2009) - 569 visitas - 0/10 puntos - 0 opiniones añadir comentario - Literatura



RAGNARÖK
Jorge Luis Borges
En los sueños (escribe Coleridge) las imágenes figuran las impresiones que pensamos que causan; no sentimos horror porque nos oprime una esfinge, soñamos una esfinge para explicar el horror que sentimos. Si esto es así, ¿Cómo podría una mera crónica de sus formas transmitir el estupor, la exaltación, las alarmas, la amenaza y el júbilo que tejieron el sueño de esa noche? Ensayaré esa crónica, sin embargo; acaso el hecho de que una sola escena integró aquel sueño borre o mitigue la dificultad esencial.
El lugar era la Facultad de Filosofía y Letras; la hora, el atardecer. Todo (como suele ocurrir en los sueños) era un poco distinto; una ligera magnificación alteraba las cosas. Elegíamos autoridades; yo hablaba con Pedro Henríquez Ureña, que en la vigilia ha muerto hace muchos años. Bruscamente nos aturdió un clamor de manifestación o de murga. Alaridos humanos y animales llegaban desde el Bajo. Una voz gritó: “¡Ahí vienen!” y después: “¡Los Dioses! ¡Los Dioses!”. Cuatro a cinco sujetos salieron de la turba y ocuparon la tarima del Aula Magna. Todos aplaudimos, llorando, eran los Dioses que volvían al cabo de un destierro de siglos. Agrandados por la tarima, la cabeza echada hacia atrás y el pecho hacia delante, recibieron con soberbia nuestro homenaje. Uno sostenía una rama, que se conformaba, sin duda, a la sencilla botánica de los sueños; otro, en amplio ademán, extendía una mano que era una garra; una de las caras de Jano miraba con recelo el encovado pico de Thoth. Tal vez excitado por nuestros aplausos, uno, ya no sé cuál, prorrumpió en un cloqueo victorioso, increíblemente agrio, con algo de gárgara y de silbido. Las cosas, desde aquel momento, cambiaron.
Todo empezó por la sospecha (tal vez exagerada) de que los Dioses no sabían hablar. Siglos de vida fugitiva y feral habían atrofiado en ellos lo humano; la luna del islam y la cruz de Roma habían sido implacables con esos prófugos. Frentes muy bajas, dentaduras amarillas, bigotes ralos de mulato o de chino y belfos bestiales publicaban la degeneración de la estirpe olímpica. Sus prendas no correspondían a una pobreza decorosa y decente sino al lujo malevo de los garitos y de los lupanares del Bajo. En un ojal sangraba un clavel, en un saco ajustado se adivinaba el bulto de una daga. Bruscamente sentimos que jugaban su última carta, que eran taimados, ignorantes y crueles como viejos animales de presa y que, si nos dejábamos ganar por el miedo o la lástima, acabarían por destruirnos.
Sacamos los pesados revólveres (de pronto hubo revólveres en el sueño) y alegremente dimos muerte a los Dioses.
 

borges, ciencia ficcion, relatos
(09/03/2009) - 517 visitas - 0/10 puntos - 0 opiniones añadir comentario - Literatura



Ladrones, Canciones, Poemas

Llamar a unos ladrones “hombres de letras” es muy propio de Dunsany.

Calificar la aventura relatada como “probable” es otorgar al título el aura de leyenda que envuelve al propio relato.

 Redactar en tres páginas un cuento de tal perfección, es algo predestinado a unos pocos.

LA PROBABLE AVENTURA DE TRES HOMBRES DE LETRAS



aventuras, dunsany, relatos
(17/02/2009) - 364 visitas - 0/10 puntos - 0 opiniones añadir comentario - Literatura



Pequeñas pausas (XIII): La Cámara de las Estatuas

Muchos de los más brillantes relatos de Borges se desarrollan en un pasado ficticio, o son desarrollados como episodios históricos apócrifos  enmarcados en épocas concretas de la historia universal. El genio del argentino le permitió manejar este recurso con soltura sin caer en la pedantería o el simple ridículo.
 La Cámara de las Estatuas es uno de sus escasos relatos ubicados en un lugar y un momento histórico puntual, y que cuenta con una anécdota perfectamente imbricada en el devenir real de los hechos que ocurrieron.
 Lo descubrí con menos de 13 años, perdido al final de un capítulo de un libro de historia o literatura, no lo recuerdo (creo que de historia). Lo leí sin saber quién era Borges, sin saber qué me iba a deparar la lectura de esas palabras, sin saber por qué ese microrrelato estaba precisamente ahí.
Por ello pude experimentar el sabor puro de la sorpresa, el descubrimiento de la felicidad inesperada de la literatura, la evocación  de otro mundo.
Hoy sin saber por qué me vino a la cabeza el recuerdo, y pude ubicar el relato en esa biblioteca de Babel que es internet.  Y la felicidad del relato seguía allí, esperándome más de veinte años después...

LA CÁMARA DE LAS ESTATUAS

borges, pequeñas pausas, relatos
(12/01/2009) - 829 visitas - 0/10 puntos - 0 opiniones añadir comentario - Literatura



Pequeñas pausas (XI): Los Mensajeros de Buzzati


He comprobado con cierta sorpresa que los post dedicados a relatos cortos tienen un número de visitas superior al promedio. Aunque la esencia de este blog es hablar de un poco de todo, de cualquier cosa que a sus autores les resulte interesante, la verdad es que a mí personalmente me fascinan esas pequeñas cápsulas en las que con sólo 900 ó 1.000 palabras se consigue capturar un universo completo, que pasa a estar disponible para quien quiera acercarse a sus letras. Y como siempre, la sugerencia transmite más que la descripción exhaustiva.
Y ahora un breve relato traspasado de melancólica tristeza, del gran Dino Buzzati.
 

LOS SIETE MENSAJEROS


dino buzzati, pequeñas pausas, relatos
(26/10/2008) - 448 visitas - 0/10 puntos - 0 opiniones añadir comentario - Literatura


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