En los últimos post nos hemos puesto un poco trascendentales, y por otra parte no todo en la vida es música negra (no...?). Así que lo mejor será engrasar los oidos y las neuronas con puro rock, pura energía positiva. Esto que viene a continuación no necesita presentación.
Tenía preparado un post sobre la dualidad entre el genio musical y el lado oscuro de Jacko.
No me ha dado tiempo a publicarlo. Mucha suerte donde quiera que estés ahora, y gracias por todo lo que nos diste en tus cuarenta y cinco años de carrera.
Los Cowboy Junkies llevan ya 24 años haciendo una música personalísima y para muchos (entre los que suscribo) refinada y magnética. La profunda y sugerente voz de su vocalista, Margo Timmins, la extraña forma pausada de muchas de sus composiciones y la refinada instrumentación crea piezas de extraña belleza, aun en las modalidades más rockeras, como en la hipnótica Common Disaster. Algunos de mis amigos que los escucharon los tildan de aburridos, otros de complicados. Personalmente me parecen accesibles y de un nivel musical muy por encima de la media general. Refugiados en su propia productora, renunciaron hace años a los grandes sellos musicales, apostando por hacer su propio camino alejado de cualquier divismo. La pequeña muestra que aportamos hoy en este humilde blog es no obstante una versión (hacen muchas, todas brillantes) de la magnífica Powderfinger, de Neil Young. Una gran canción y una más que sobresaliente versión.
Simple Minds fue un grupo proveniente del punk escocés, que tuvo su particular momento estelar con Dont’ you forget about me (hit mundial del que hoy nadie se acuerda, y que sería como en tantas otras ocasiones el comienzo de su decadencia musical).
Pero antes de ello, y en su anterior LP, fueron capaces de pergeñar todo un clásico pop: Waterfront, tema de excepcional grandeza sonora, (y de absurda letra por cierto) que, escuchado veinticinco años después, se constata que ha sabido resistir el paso del tiempo con dignidad, y hasta con garbo.
Y por cierto, que no era la única joya del magnífico LP "Sparkle in the Rain". Otra digna de recordar es Speed Your Love...
Sinead O'Connor conquistó el olimpo musical (tanto a nivel comercial como artístico) con su majestuosa versión de un tema olvidado de Prince, Nothing Compares to You, que además supo acompañar con un precioso vídeo, basado tan sólo en un primer plano de su rostro, de perfecta simetría. Tras ello, decidió lanzarse voluntariamente a los infiernos, cuando se atrevió a criticar en público a Juan Pablo II. Seguramente lo hizo en un momento y lugar totalmente equivocados. No obstante, siempre me llamó la atención que a partir de entonces, el supuestamente progresista y liberado público rock juvenil le masacró en cada aparición pública. Hipocresía profunda, o tal vez es que los jovencitos imberbes tenían inoculados sin saberlo algunos dogmas de lo políticamente correcto. De una forma u otra, lo cierto es que la voz de Sinead es una de las más hermosas del panorama anterior, actual y futuro. Y cuando se juntó con The Edge (ya saben, el alma de U2) para hacer el tema de la banda sonora de una película (Captives), el resultado fue una pequeña gran joya pop, tanto por la canción en sí como por la sensibilidad que sabe poner su intérprete a la hora de jecutarla. Heroine, de Sinead O'Connor y The Edge.
No voy a descubrir a nadie a Oasis, una de las bandas emblemáticas del british pop, que en los 90 conquistara medio mundo (los malpensados les calificaron como simples imitadores trasnochados de los Beatles).
Sí descubriré, si ustedes me lo permiten, una de sus canciones más refinadas y elegantes. Podría insertar ese himno llamado Wonderwall, o el ya clásico Don’t Look Back in Anger. Pero no, es el turno de Cast No Shadow.
"No puedes iniciar un fuego si estás preocupándote por tu pequeño mundo derrumbándose"
¿Les
suena? El autor de esta frase es un veterano (realmente veterano),
cuyas letras y melodías han llegado al corazón de millones de personas
de todas las razas en los últimos veinticinco años.
En
estos días saca un nuevo LP. Y aunque no sea mi autor favorito, justo
es reconocerle la habilidad, sinceridad y entrega que a lo largo de
toda su carrera ha mostrado.
Purple Rain es uno de los clásicos inmarchitables de la década de los ochenta. En vivo, Prince realizaba frecuentemente (realiza todavía) majestuosas versiones en las que desplegaba su apabullante dominio de la guitarra eléctrica. Ésta es una de las mejores, realizada en Nagoya (Japón)
Aunque tampoco incomoda actualizar este clásico con un poco del muslamen (perdón, sex-appeal) y la impresionante voz de Beyoncé.
El desarrollo tecnológico ha difuminado en las dos últimas décadas las diferencias entre “versionear”, “copiar”, “tomar prestado” o “inspirarse en”. El sampling (ya sabe, tomar prestado fragmentos de otra canción para insertarla en la propia) ha ayudado mucho a difuminar estas fronteras. Pero a veces da lugar a extrañas y productivas relaciones esporádicas. Stephen Stills firmó en 1967 una hermosa canción, For What It's Worth, sobre el enfrentamiento entre jóvenes y la policía que ya por entonces se producían. Un punteo hipnótico y las arenosas voces de Buffalo Springfield conformaron un pequeño gran clásico del rock.
Treinta y un años después, los adalides del hip hop más poderoso, Public Enemy, “tomaron prestada” la línea de guitarra y la voz de Stills (que regrabó para tal ocasión su aporte vocal) para hacer el single de una banda sonora (He Got Game de Spike Lee). La canción es puro hip-hop, pero hacia el final de la misma se introducen, oh sorpresa, unos hermosos coros góspel, que dan la canción densidad soul allí donde en principio no se podía esperar.