No cabe duda: Rufus Wainwright es una auténtica reinona. Y continuador de la nunca bien reconocida corriente gay-pop que naciera durante la era disco, y que cuenta con ilustres representantes como Jimmy Sommerville, Marc Almond, Erasure, Petshop Boys (sí lo son), Elton John o incluso George Michael.
Admirador irredent0 de Judy Garland y Elton John, adalid del pop sinfónico (capaz de hacer una canción basada en el bolero de Ravel), deudor de los primeros Queen y relatista impúdico de su despertar sexual, no voy a contar más de este singular personaje, porque ya se ha contado mucho mejor en otros sitios.
Sí diré que, en ocasiones, el brillo de las plumas y el tronar de la orquesta no esconden más que vacuidad musical, pero éste no es uno de esos casos. El señor Wainwright sabe componer canciones, y sabe cantarlas. Con ya cinco LPs a sus espaldas, el tercero (Want One) es en mi opinión el mejor, una obra redonda con un ramillete de hermosas perlas pop, si bien en todos sus álbumes suele haber cosas interesantes.