El año ha cambiado, la década tal vez también, pero la buena música no es de un decenio o de otro, es buena o no lo es. Si podéis pasar un mes sin oír a Ruthie Foster, me alegro por vosotros. Yo no soy capaz.
Apagad los ordenadores. Desenchufaros del televisor. Desconectad los móviles. Ruthie Foster ha vuelto.
Su nuevo LP se titula “The Truth According to Ruthie Foster”, y con él vuelve a enseñarnos lo que es cantar con el alma, con sencillez pero con un nivel de excelencia musical que ya quisieran recuperar muchos de los dinosaurios y pipiolos que nos rodean.
Blues, country y soul fusionados con absoluta nauralidad, magníficas composiciones y la sensación de que la música fluye, llena de sentimiento, sin esfuerzo alguno.
Ignoro si con este nuevo álbum obtendrá el nivel de reconocimiento que se merece. En realidad, seguramente le dé igual.
Bienvenida de nuevo, señorita Foster. El placer es nuestro.
Ruthie Foster no tiene el cuerpo de Rihanna. Ni el glamour de Beyoncé Knowles. Ni la fama y el divismo de Janet Jackson. Difícilmente vaya a ganar un Grammy, o vender millones de discos. Pero Ruthie Foster canta blues, soul y country traspasado de soul (que es casi lo mismo). Y lo hace con sencillez y cercanía, sin aspavientos, sin coreografías espectaculares ni una hora de maquillaje previo a cada aparición pública. Sin escotes atractivos ni parrafadas de rap entre cada estribillo. Ella sólo canta. Y sin nada de lo mencionado antes, pero con una voz arrasadora y canciones directas y poderosas, consigue en muchas ocasiones reconciliarnos con la música, y hacernos volver a creer que es algo más que brillantes producciones o singles adictivos, que es algo más que dinero, productores estrella y Billboard.