Una de las consecuencias del positivismo racionalista que triunfó con las revoluciones industriales (y francesa) es que las sociedades del primer mundo y sus habitantes establecen su seguridad sobre los cimientos de la supuesta solidez de ciertos principios abstractos e inamovibles. Existe, sin embargo, un sano ejercicio (apto eso sí sólo para los fuertes de espíritu), que consiste en inquirir sobre el origen de dichos principios hasta alcanzar su raíz última, su esencia, aquello absoluto en lo que radica su solidez. Peroy hacerlo sin ayuda externa, partiendo de lo que cada uno cree que es la definición. Dado que se trata de un ejercicio de introspección conviene partir de definiciones personales, especialmente si vamos a reflexionar sobre conceptos abstractos. Propongamos, por ejemplo, la literatura, a la que, a buen seguro, todos creemos poder definir objetivamente (al igual que política, sociedad, ciencia, honradez, etc). Al decir "objetivamente" queremos decir que en esa definición no hay elementos de juicios arbitrarios como buen gusto, calidad, ni nada parecido. Hagámoslo ahora... (pausa recomendada para la reflexión). Si ya lo hemos hecho, o creemos haberlo hecho, pasemos a la segunda fase: Porque toda definición si es objetiva y absoluta, conlleva una acotación, un establecimiento claro de los límites infranqueables que determinan qué es y qué no es (literatura, en este caso), y por tanto deberíamos, en este punto, ser capaces de explorar los límites con rigor discriminando ovejas blancas y negras. Pero es imposible.
Volvemos a la línea de publicación de nuestra novela on-line, con la apasionante segunda
parte. Otro tiempo, otros personajes, otra historia pero, como siempre, la
mezquindad abriendo brecha en la naturaleza humana.
Y para todos los
lectores, tenemos el placer de informaros que estamos preparando la edición de la
novela en un volumen de unas 300 páginas. Una edición que promete ser
diferente... Ya os mantendremos informados.
Sí, lo se, ha pasado demasiado tiempo desde el último capítulo. La verdad es que el trabajo y demás compromisos de la vida diaria me han tenido un poco atenazado. Pero aquí está...
Con un poco de retraso (el trabajo, que no deja tiempo libre!) retomamos la cita semanal con "El Restaurador", la novela on-line exclusiva de este blog.