Jueves - 24.Mayo.2012

Contáctanos
Subscríbete vía e-mail
RSS

Estás en: sociedad

sociedad

contenidos / pág. 7 contenidos 1 pág. Ordena por

.

"Creo que sólo pueden ser de izquierdas aquellos que conservan la fe en el ser humano, en su bondad y en su solidaridad.

Cuando esa fe se ha perdido (o nunca se ha tenido), sólo resta intentar fijar unas reglas de juego semejantes para todos, de forma que (en la medida de lo posible) los abusos tengan su castigo y  todos tengan parecidas oportunidades de inicio para buscar su provecho, o, incluso, para ser morales. Algunos lo llaman a eso la ley de la selva. Yo lo llamo ser un liberal."

Martin Fieldstman


Comentarios de un sociólogo indocumentado: La Disidencia Borreguil

La disidencia respecto a las normas impuestas, la capacidad de cuestionar  los dogmas buenistas imperantes, son en mi opinión uno de los síntomas de la salud mental y política de una sociedad. El plantearse (como ejercicio rutinario) si lo que nos dicen los políticos, mass media, intelectuales (y otros autoproclamados portavoces sociales)  es algo con sentido, o por el contrario  un intento más de manipulación, debería de ser el pan nuestro de cada día, y además no requiere seguramente más de cinco minutos diarios de ejercicio mental. Diez si se pertenece como yo al grupo de los lentos.
Sin embargo... sin embargo parece que en este país (como en toda nuestra historia reciente desde el siglo XIX) o nos quedamos cortos o nos pasamos tres pueblos y hasta cambiamos de autopista. Con el añadido de apuntar casi siempre hacia el objetivo equivocado.
¿Ejemplos? Bueno, pues vamos allá:
A) Ayer mismo nuestro presidente del gobierno anunció la que va a ser la primera modificación de la Constitución Española, modificación que va a apuntar hacia el control por norma legal del déficit público. Bien, ya hay un clamor bloguero y periodístico respecto a la “vergüenza” de que se apruebe por un acuerdo entre partidos dicha modificación, sin “consultar al pueblo” mediante referéndum.  Por no hablar de los que hablan de la medida como una imposición más de nuevas políticas neoliberales (una de las palabras que más se utiliza en la red sin tener pajolera idea de lo que significa).
Pues no. Se equivocan y mucho. Vivimos en una democracia parlamentaria en la que no todas, pero por lo menos algunas normas de convivencia, están muy claras. Y una de ellas es los requisitos para modificar la carta magna, requisitos exigentes, y que por cierto se pueden conocer simplemente tecleando en google las palabras correspondientes. Esos requisitos están establecidos y refrendados por las urnas hace más de 35 años. Si uno no está de acuerdo con los mismos, nada mejor que abogar por cambiarlos u orientar  el voto hacia aquellos partidos que proponen dicho cambio. Pero no. Mejor estar tres décadas sin preocuparse por el tema, y ahora darse por ofendido en la red (ese gallinero donde todos podemos hacernos los sensibles) y clamar contra tal supuesta desvergüenza. Porque el mostrarse ofendido y bramar contra el orden imperante sin ton ni son, sin saber cómo se deben cambiar las cosas, sino simplemente utilizando una larga serie de lugares comunes de otra época (referéndum para todo, democracia asamblearia etc) no nos da automáticamente la razón, ni siquiera una fracción de ésta. 
B) Nos visitó el Papa. Lo saben, ¿no?. Bien, no voy a hablar de esa auténtica caza del peregrino que doscientos descerebrados hicieron por la Puerta del Sol y zonas aledañas con el beneplácito del pijismo progre (recuerdo las declaraciones de un manifestante que se quejaba de la “provocación de la que habían sido objeto” ya que los cristianos (sic) “se habían puesto a rezar en medio de la calle”). Al fin y al cabo lobotomizados sociales existen por igual en todas las franjas del pensamiento.
Lo que sigo sin entender es el anticlericalismo feroz que tanta y tanta gente ha proclamado en sus blogs, en sus feisbuks, en sus cartas al director, etc etc. Un anticlericalismo tan dogmático y profundamente ignorante como lo es cualquier postura tomada sin reflexionar un poco en sus motivos o bases. He oído de todo: críticas a los peregrinos porque al fin y al cabo vienen a hacer turismo. Críticas al Papa porque debería estar en el cuerno de África solucionando el hambre de los negritos. Críticas a los cristianos porque no actúan conforme a su credo (argumentándolos con rotundas” pruebas). Si el sueño de la razón produce monstruos, el sueño del sentido común produce estupideces sin fin.
No seré yo quien defienda a la iglesia, muchas de cuyas posturas respecto a las mujeres o a la vida sexual me resultan del todo incomprensibles y casi incompatibles con la vida actual. Pero antes de hablar de las imperdonables riquezas del Vaticano sería mejor repasar (o conocer) la labor que hace Cáritas en España, o los misioneros en todo el mundo. . Antes de criticar la fe irracional de los peregrinos y la “manipulación” que las religiones hacen con la gente habría que autoanalizarse y evaluar si realmente la razón gobierna todos nuestros actos diarios como orgullosos no creyentes que somos. O plantearse si realmente queremos abolir toda vida espiritual en el ser humano (o sólo la relacionada con determinadas creencias). Antes de ponerse nerviosos porque un septuagenario con traje blanco venga a rpesidir un acto con un millón de jóvenes, deberíamos preguntarnos si tiene sentido los miles de mítines financiados con (nuestro) dinero público,  donde cientos de miles de españoles corean como estultos corderos las proclamas mil veces repetidas del político de turno.


¿Qué, cómo, quiere usted decir que no se puede criticar a la Iglesia? Pues no, no quiero decir eso, se la puede y debe criticar, y de hecho ha dado últimamente más de un motivo para ello.
Lo que quiero decir (y con esto lanzo un corolario para cerrar este árido post), es que todo el que se considere ciudadano con conciencia social, debería dedicar un  tiempo a reflexionar antes de lanzar cualquier proclama al aire. No porque no tenga el derecho a lanzarla, sino porque si no hace antes un análisis más global, seguramente se caiga en lo que en el fondo quieren todos nuestros gobernantes de izquierda, derecha o centro: adherirse sin darse cuenta al menú de soflamas simplistas e ignorantes que ponen a nuestra disposición. Y con esa adhesión conseguiremos cierta complacencia intelectual, cierto orgullo de tener las “ideas claras” respecto a la sociedad en que vivimos y a nuestro papel en ella. 
Pero, en realidad, nos convertiremos en hormiguitas muy orgullosas de sí mismas  pero profundamente ignorantes y por ello  incapaces de cambiar la forma en que está organizado el hormiguero. Que, por lo tanto, seguirá siendo manejado por los mismos mandangas de siempre, con el mismo desprecio por la ética y los valores que siempre.

(24/08/2011) -
645 visitas -
0/10 puntos -

Un País en Cifras (yo confío en el futuro)

 

(24/06/2011) -
592 visitas -
0/10 puntos -

A veces veo gente twitteando...
El autor de este post se reconoce de esa generación de españoles de a pie que no acaba de entender el fenómeno Twitter. 
No porque le supere tecnológicamente (más o menos el autor de este post se defiende con la interné, su aifon y el jepeése). No, se trata más bien de una cuestión, digámosla así, psico-sociológica. 
Veamos.
 Si entiendo el mecanismo de Twitter, ahora mismo me podría poner como seguidor de (por ejemplo) David Bisbal. O del futbolista  Puyol. O del sobrevaloradísimo Nacho Vigalondo (bueno, eso si no hubiera sido socialmente estigmatizado por el pecado de hacer una broma con la palabra “Holocausto” dentro).  Entonces, recibiría en tiempo real los comentarios que estos sujetos quieren twittear en cualquier momento del día, en 160 caracteres . Esos comentarios, por su límite de espacio, suelen ser valoraciones breves sobre la actualidad, comentarios personales, o bromas y chistes sobre su entorno y amigos. 
Bien. Vale. 
Pero, aunque yo  fuera aficionado a Bisbal y culé hasta la médula ... ¿qué narices me importa las opiniones, ocurrencias y  vida privada de estos señores’ ¿Qué me importa lo que piensan o dejan de pensar? ¿Les conozco en persona? No, de uno sólo conozco sus canciones, y del otro su desempeño en el campo de juego. ¿Son humoristas cuyos comentarios son siempre inteligentes, ácidos y que hacen reflexionar? Pues... no.  ¿Entonces?
  Ah, ya oigo una respuesta al fondo de la sala, “mire usted bloguero de tres al cuarto, es que son ídolos de masas y a sus seguidores les encanta tener en su móvil o smartphone mensajes personales de ellos”. Ya. O sea, que ya no nos basta con tener como ídolos a personas de carne y hueso cuyo único mérito es cantar “bien” o patear una bola. Ahora además la tecnología nos permite sentirnos “cercanos” a ellos. Y de paso alimentar nuestra continua necesidad de estímulos e información externa (que ésa sí que es la droga de nuestro tiempo).
Perdonen pero no lo entiendo. Yo creía que el fenómeno “fan” sólo afectaba a jovencitas quinceañeras de hormonas alteradas que se derriten frente al JustinBieber de turno. Pero resulta que no, que ahora a casi todo el mundo le gusta ser “follower” de un ídolo de masas, para sentirse “próximo” a él. Pero entonces... ¿a eso dedicamos nuestras neuronas? ¿Para leer ESO?  Cuarenta siglos de desarrollo de la cultura occidental, la invención de la imprenta, el siglo de oro español, las aventuras de Dumas,  la obra de Conrad, los ensayos de Chesterton, el asesino dentro de mí de Thompson, los laberintos de Borges, el capital de Marx, el Harlem de Chester Himes, los desdoblamientos de Dick, el proceso de Kafka, todo, todo, todo eso... ¿para acabar leyendo las ocurrencias del famoso de turno  mientras compra jamón en el Corte Inglés?
A veces creo que, efectivamente, el fin de los tiempos está cerca...
 
(31/05/2011) -
1031 visitas -
10/10 puntos -

El espectáculo de la literatura, o la literatura como espectáculo.

Lo reconozco: me produce auténtica indigestión mental la lectura o simple visión de las toneladas de novelas supuestamente “serias”, centradas en las aventuras/desventuras de hombres y mujeres en sus itinerarios vitales a través de sus simplonas existencias, desventuras en las que conocen nuevas parejas atrayentes y sagaces, en las que todos los personajes hablan como las series televisivas (sin titubeos, sin silencios malhumorados, sin egoísmos lingüísticos, siempre con la frase ocurrente o la mirada profunda). Nada me puede parecer más vomitivo que ese pretendido realismo en el que de manera obvia se busca la identificación del lector/a con el/la protagonista, siempre una versión edulcorada y biempensante de nuestras mucho más mezquinas realidades. Por no hablar de las tramas argumentales, del tipo de las que sigue:  A  se siente vacía hasta que de repente conoce al interesante  B, pero cuando empieza a cansarse de éste descubre una nueva forma de ver la vida cuando conoce al iconoclasta C (de preciososo ojos azules) que finalmente parte hacia la India para encontrarse a sí mismo aunque dejando a A un espíritu renovado y vital… aaaggghhhh.
¿Qué quiero decir con esto, qué las novelas han de relatar siempre arriesgados viajes, intrincadas conspiraciones o grandiosas gestas? Pues no, no lo han de hacer siempre. Pero  creo que en cierta forma siempre han de tener ese espíritu, aunque la anécdota que cuenten sea cotidiana y hasta banal. Una vez leí una frase un tanto irónica: “Todas las grandes novelas tratan del viaje del protagonista del punto A hasta el punto B. Excepto en el caso de los novelistas rusos y franceses, en los que el viaje ocurre dentro de la cabeza del protagonista”.  Bien, más allá de chanzas, creo que esta boutade aclara un poco la idea: El sentido de de lo maravilloso, de lo épico, la emoción transmitida, las grandes y auténticas pasiones humanas, deberían ser el patrimonio de cualquier novela que se quiera considerar como tal.
Pero para esto, no hace falta escribir siempre el Tulipán Negro (ah, qué hermosa novela de Dumas),  El Jorobado o La Guerra del Fin del Mundo. No. Basta con transmitir el mismo espíritu de osadía, el mismo sentido de lo maravilloso, aun cuando el escenario sea la realidad nuestra de todos los días. Porque cuando se tiene talento, se puede conseguir  esto relatando la insulsa vida de un señor en los extrarradios del Madrid de los años cincuenta. O la patética crisis de un cincuentón que se trastorna mentalmente tras leer demasiadas novelas de caballerías. O  cómo un acomodado y aburridísimo burgués francés se está comiendo una magdalena, y de repente, recuerda toda su rutinaria vida transcurrida hasta ese momento…
Pos-post: Redactar este post me ha hecho recordar que Auster y otros autores han acusado a Borges de frío y carente de emoción. Hum, tal vez, aunque yo no lo vea así (y el señor Auster tiene todo el derecho del mundo a opinar así, faltaría más). Pero fue el frío Borges quien escribió esto “Yo que muchos hombres he sido / no he sido nunca aquél en cuyo abrazo desfallecía Matilde Ulbarch". Señor Auster, su turno.

(12/05/2010) -
725 visitas -
10/10 puntos -

¿DE VERDAD NOS CREEMOS DEL TODO EL MUNDO EN QUE VIVIMOS?
Los animales de laboratorio, esos desafortunados ratones, cobayas, monos y demás mamíferos que nacen en una jaula, viven una jaula y suelen morir tras unos cuantos jeringuillazos entre divertidos síntomas estudiados cuidadosamente por los científicos, creen seguramente que ese ambiente que les rodea es el mundo. No tienen capacidad de pensar que otro mundo existe fuera de las paredes del laboratorio, lleno de plantas, acogedoras madrigueras, hermosas noches a la luz de las estrellas, frutos jugosos y peligrosas aves rapaces. Para ellos, todo eso no es. Sólo creen (o creerían si tuvieran esa capacidad) en el mundo-laboratorio.
A veces me pregunto si no nos pasa a nosotros lo mismo (y que conste que sé que esto ya lo propuso Platón hace 2.500 años con la parábola de la caverna, lo que indica mi escasa originalidad). ¿No asumimos como normales cosas y hechos extraordinariamente raros? Pensemos un poco:
- ¿Tiene realmente sentido un mundo en el que millones de personas dedican el 4% de su vida a observar y oír los aportes de alguien como Belén Esteban?
- Asumimos que podemos obtener información sobre cualquier tema (y convertirnos en lo suficientemente expertos para emitir opinión sobre todo), simplemente tecleando unas palabritas en una cosa llamada “buscador” que dos niñatos de Standford crearon hace doce años, y damos validez a cualquier resultado que nos dé. ¿No somos un poco creídos?.
- Y a su vez, nos creemos cualquier información que nos llegue en medio escrito o televisivo, siempre que haya una introducción en la que aparezca la mágica palabra “expertos”: Los expertos afirman, los expertos vaticinan… Da igual la barbaridad que afirmen: que se va a infectar de gripe A el 60% de los españoles, que el nivel del mar va a subir treinta centímetros (o un metro, o va a bajar), que el crecimiento del paro se desacelera, que vivimos en la sociedad del bienestar… si lo dicen los expertos, es una verdad insobornable.
- Se han creado unas asociaciones para defender los derechos laborales de los trabajadores. Para ello estas asociaciones cuentan en España con 300.000 personas cuya función es cobrar por no trabajar. Muy lógico, ¿no?.
- Pensamos que tenemos nuestros derechos garantizados por una entelequia llamada poderes públicos y caminamos con la cabeza bien alta como orgullosos miembros del mundo desarrollado occidental, seguros de nuestra integridad física y moral. ¿podemos realmente ser tan ingenuos?
- Y cuando nos sentamos a la mesa, podemos comer tranquilamente, sin que ni siquiera repararemos en ello, pescado de Vietnam, tomates de Argelia y manzanas de Argentina, todo al alcance en el Eroski más cercano… ¿No es raro?
El mundo en el que vivimos, que aceptamos como inevitable y/o perfectamente racional se muestra, a poco que reparemos en él, como algo sin demasiado sentido en muchas ocasiones, un lugar lleno de realidades absurdas pero que asumimos como si no hubiera otra forma de ser o existir.  ¿No seremos todos cobayas de un experimento sociológico gigante? ¿o como afirman muchos, tan sólo el simple sueño-pesadilla de un dios menor?   ¿Existe la  pastillita roja de Morfeo que nos haga ver las cosas como son realmente, o como deberían ser? ¿La necesitamos realmente, o tal vez es mejor no pensar con claridad sobre nuestra realidad diaria?
 
(03/05/2010) -
603 visitas -
0/10 puntos -

ESPAÑOLES, A SU PESAR (Una Pica en la Cerdeña)
maranzano
Que la materia prima de la historia son las decisiones vitales, es algo que también puede ser aplicado a los pueblos. Y el análisis de las decisiones de algunos de ellos nos enseña, en ocasiones con claridad, dónde se encuentran sus raíces.
Éste es el caso de Llívia, villa de poco más de mil almas, profundamente española (luego veremos por qué), enclavada (pues se trata de un enclave) en la comarca de la Cerdeña, en el seno de nuestra vecina Francia.
Llívia no tiene casi nada de interés, salvo la farmacia en funcionamiento más antigua de Europa (donde los compuestos se guardan en frascos color azul cobalto fabricados en Manises), y un carácter innegablemente ibérico, con todo lo que ello puede significar.
Los  territorios que la rodean, el Rosellón y otras comarcas francesas, fueron españolas hasta el año siguiente al tratado de los pirineos, en 1659, donde una vez más se modificaban varias fronteras europeas.
Este tratado daba fin (temporal, claro) a la tradicional bronca hispano-gala que se venía arrastrando desde la guerra de los treinta años y tras haber patrocinado nuestra simpática vecina una revuelta popular en los territorios catalanoparlantes contra la corona española.
En el tratado se especificaba el paso a manos francesas de algo más de una treintena de pueblos, lugares y territorios de esas comarcas. Ninguno de los habitantes de aquellos pagos quería realmente ser francés. Pero sólo los habitantes de Llívia lo consiguieron.
Tras analizar con detenimiento el texto del tratado los habitantes de Llívia determinaron que aquello no iba con ellos, pues Llívia tenía el carácter de “villa”, otorgado (por el rey) años atrás, y en el tratado no se mencionaba cesión de villa alguna.
Es fácil de imaginar la escena: el boticario, el cura, el maestro y el alcalde se reúnen frente a unos vasos de vino para leer despacito el tratado, y una vez hecho y comprobado el resquicio legal, deciden plantar sus hispanas gónadas ante Felipe IV y Luis XIV, y decirles  que a ellos su tratado se la trae al pairo: ellos seguirían siendo españoles por derecho.
Puesto que les asistía el derecho real (cosa nunca verdaderamente determinante) y (afortunadamente para ellos) eran insignificantes desde el punto de vista territorial o político, un año más tarde se produjo el suceso extraordinario: se selló su permanencia como territorio español en el tratado de Llívia.
Cabe pensar cuántas veces se habrán sentido orgullosos de aquello, y cuántas otras se habrán arrepentido, como buenos españoles en ambos casos. Ahora, arrastrados por efímeros nacionalismos, es posible que quieran hacerles olvidar que siempre quisieron ser españoles, pero su historia habla por ellos.

Pos-post especial nacionalismos: Cuarenta años más tarde, en 1700, Francia prohibió el uso del catalán en todos los territorios que habían pasado a sus manos. Proverbial debió de ser la cara de tontos que se les quedó a todos los que habían participado en las revueltas antiespañolas previas al tratado de los Pirineos.

 




Música Negra
Fado
Otras músicas
Literatura
El Restaurador, novela on-line
Imágenes
Huuummm
Cine
De todo un poco
De todo un poco
Setentizaciones
Arte, cultura y subcultura
Lo + votado
Fado, música del alma portuguesa (V): Mariza
Cicerón, menudo hideputa
Fado, música del alma portuguesa (IV): Cristina Branco
El Jorobado, de Paul Feval, o el placer de la aventura
Decálogo del glorioso Cine Español
ALELUYA! Seguro que encuentras la tuya…
El Sonido Filadelfia, apogeo de la música negra
Fado, música del alma portuguesa (II): Aldina Duarte
Novedades
.
¿Quién es esta actriz?? (15)
.
Un Clásico Olvidado
East Berlin, 1956
hummmm...19
El Valor de la Copia (XI)
Pequeñas Pausas (XXXIV): Vuelve Miyazaki
v.03.02:0,079
GestionMax
novedades   contacto   buscador   mapa web