¿A qué llamas un tema majestuoso? ¿A Freddie Mercury y sus canciones himno ya tan anticuadas? ¿A las buenas baladas de U2 (aunque cueste creerlo hoy en día, las tenían? ¿A las soporíferas composiciones de Coldplay?
Déjate de milongas. Yo no quiero sentar cátedra, ni epatar, ni nada parecido. Pero sé que ÉSTE es un tema majestuoso. ¿Adivinas su intérprete?
Como decía un comentario al post nº I, espeluznantes ellos, y a-pa-bu-llan-te ella. No dejo de fascinarme con la capacidad vocal, estilo y fuerza en directo de esta mujer.
Elegante y refinado (aunque un tanto light), Gregory Abbott es uno de esos soulman que tras dos LPs exitosos repentinamente desapareció del mapa. A principios de los noventa, era sin duda de lo más interesante que se podía encontrar en el panorama soul, aun con su clara vocación comercial. No es mal momento para recordarlo.
Las mejores canciones de soul moderno son las que saben juguetear con el bajo, la percusión, una melodía sugerente y una voz lo suficientemente caliente, de forma que se crea una textura sonora envolvente sin por ello renunciar a la melodía.
Yo encuentro todo eso en este temazo de Erykah Badu, de su album Mama’s Gun, muy adecuado para oír en momentos relajados..
La década de los setenta (la mejor sin duda en la historia de la música negra), está llena de pequeñas gemas ocultas, que dormitan agazapadas hasta que algún semidesconocido blog o radio on-line te la hace conocer. Entonces despliegan sus ondas sonoras y llegan a nuestro cerebro frescas como el primer día, limpias de polvo y paja, directas y sencillas. Como todas las cosas buenas de este mundo.
Los fabulosos Isley Brothers es uno de los grupos históricos de la música negra, con un maravilloso vocalista (Ronald Isley) y un puñado de mágicas canciones. Ésta la he descubierto gracias a la sofisticada Sensaciones sonoras.
Madre mía, que bien lo hace esta gente. Adalides del acid jazz (ya saben, esa mezcla cool de funk, soul, jazz y pop que tan bien sabían cocinar en las islas británicas), los Brand New Heavies tienen álbumes repletos de magníficas canciones. Música negra hecha por blancos y negros, insuflaron un nuevo aire al género con un toque refinado, creativo y tremendamente adictivo. Back to love, my brother...
Son las once de la noche y me acabo de enterar, como una bofetada en la cara, de la triste noticia: Teddy Pendregrass ha muerto, con tan sólo 59 años, víctima de un cáncer.
En este blog no he hablado ni hablaré nunca de mis experiencias personales, que no interesan a nadie, pero hoy haré una excepción. Porque la noticia ha supuesto un pequeño mazazo para mí, y siento, como dicta el lugar común, que una pequeñita parte de mi experiencia vital se ha ido con su muerte.
Pendergrass fue la mejor voz de los años setenta y ochenta, con una pasmosa capacidad de alternar la más aterciopelada suntuosidad vocal con una profunda fuerza latente, que transmitía sin aparente esfuerzo. Oírle cantar en cualquiera de sus canciones es tanto un placer de los sentidos como un asombro ante un timbre prodigioso, melódico y fascinante. Fue, de adolescente, uno de mis descubrimientos musicales que más huella me dejó. Cuesta creer que un maldito cáncer se lo haya llevado tan joven. Tendremos que acostumbrarnos a la idea de que el mundo ha perdido a uno de los más grandes soulman de la historia, sin parangón alguno. Hoy la música, sin duda, está un poco triste.