A veces una canción resulta, la mires por donde la mires, perfecta. No tiene que ser una sonata de Beethoven, ni siquiera un clásico de los Beatles, puede ser una intrascendente cancioncilla pop. Pero puede resultar perfecta dentro de su estilo, de forma que las voces, la producción, la melodía, se complementan de tal manera que parece imposible versionearla sin estropearla aunque sea un poco.
Hasta que llegan unos maestros, cambian el estilo, y hacen otra obra maestra.
You're All I Need To Get By es una de las mejores canciones pop escritas e interpretadas nunca, una de tantas de ese dúo histórico del que he hablado más de una vez.
Pero dos años después llegó Aretha Franklin, y (como en el fondo era de esperar, dado que estaba en su cénit creativo), hizo otra maravilla, cambiando el pop negro por el soul más vibrante (atentos a cuando rompe el micrófono en el minuto2:30)
Oigo con frecuencia estas canciones, y sería incapaz de decantarme por una de ellas.
El sonido Motown siempre se produjo como los coches de las cadenas de montaje de Detroit, la ciudad que lo viera nacer: en serie. Fue una fábrica de producir éxitos, siempre con el mismo grupo de prodigiosos compositores, los mismos expertos músicos, los mismos avezados productores, con esas baterías y líneas de bajos grabadas dos veces para darles mayor profundidad y poderío. Reconozcámoslo, salvo dos o tres grandiosas excepciones, el intérprete o intérpretes importaban poco.
Una de esas excepciones fue el gran, grandísimo Marvin Gaye. Antes de que su obra elevara el vuelo y comenzara a realizar obras más personales y maravillosas (What's Going On, Let's Get It On, I Want You…), estuvo una década haciendo pop-soul intrascendente pero deliciosamente optimista para blancos y negros, es decir, puro sonido motown. Llegaron a hacerse enormemente populares sus colaboraciones con artistas femeninas, sobre todo con Tammi Terrell (una belleza negra de bien adiestrada voz) grabando algunas canciones que cuarenta años después siguen elevando el ánimo con impresionante facilidad, haciéndonos sentir por unos segundos que la vida no es tan complicada ni las relaciones tan enrevesadas. La más famosa, utilizada en más de una banda sonora es la redonda Aint No Mountain High Enough.
Pero siempre me ha gustado otra pequeña miniatura, llena de ánimo, de optimismo vital, de alegría, que te llega directo a las amígdalas por muy alicaído que estés. If I Could Build My Whole World (around you). Eso mismo…
Pos-post: Tammi murió inesperadamente por un cáncer cerebral no diagnosticado, según cuenta la versión oficial, en pleno escenario, en los brazos de Marvin Gaye. Un triste final para quien había cantado tan bien y con tanta contagiosa empatía...