La brillante y singular película The Host tiene la particularidad de pertenecer al género de película con monstruo, pero a la vez desarrollar una trama en la que el argumento principal no es el monstruo. Porque The Host toma un argumento clásico, el de los perdedores anónimos (esa gente tan gris que ni siquiera irradia la estética del perdedor), que ante una amenaza inesperada, enorme, inusitada, desarrolla rasgos heroicos hasta alcanzar una transformación interior y cierto grado de autorredención. Y los protagonistas son en efecto una familia triste: una arquera capaz de perder el oro olímpico por no tener la templanza necesaria para efectuar su último tiro. Un titulado universitario en paro, alcoholizado y resentido con la sociedad. Un retrasado, completo desastre como persona, como hijo y como padre irresponsable. Y el padre de los tres, un confundido y pusilánime dueño de un mísero puesto de comidas al lado del río. Bajo esta perspectiva, el monstruo podría perfectamente ser sustituido a los fines del argumento por un serial killer, un banco de inversión de Wall Street o una banda de mafiosos, por ejemplo. Pero lo que hace grande y enormemente novedosa a esta cinta es, precisamente, el diseño del monstruo y de su actuación. Un ser realista hasta el verismo como pocas veces se ha creado en el cine, sin la grandiosidad de un Godzilla o la atractiva perversión del refinado Alien. Un bicho gris, pegajoso y repelente, sí, pero mucho más cercano por ello a nuestra monótona realidad que todos sus antecesores. Y contradiciendo la tradición del género, son las "escenas con monstruo" las que alcanzan mayor nivel dramático y marcan la travesía interna de los protagonistas, con momentos de rara y terrible poesía. La película tiene además una trama paralela (la actuación inepta y manipuladora de los poderes públicos ante la irrupción de la amenaza), que sin embargo no acierta a llegar a ninguna parte, siendo en algún momento un lastre para el argumento. La escena inicial en la que irrumpe el engendro es soberana y maravillosa. No obstante, prefiero no reventarla mostrándola separada del cuerpo de la cinta, por lo que he decidido colgar otra igualmente dramática. Una película a ver, a disfrutar y tal vez reflexionar.