Todos conocemos la trayectoria de Tina Turner. Soulwoman vibrante, mito del rock, pasó (como tantas otras) al más profundo de los olvidos a mediados de los setenta, hasta que (como sólo algunas), resucitó comercialmente hablando en 1984 con “What love’s got to do with it”, que la convirtió en estrella pop. Y con ese cambio de estatus, se acabaron los rugidos soul, la rabia, la potencia. Para escalar los charts se necesitaban intrascendentes (cuando no insulsas) cancioncillas de estribillos siempre parecidos, siempre aburridos. That’s business, friend.. Tina Turner se hizo así rica, y desde luego que se merecía eso y más, dado cómo la había tratado durante décadas el canalla de Ike.
No obstante, en sus giras, cuando bajaba el ruedo y cantaba en directo, se podía descubrir a la misma cantante que en los años 60 había incendiado las audiencias con su voz y sus actitudes orgullosas. Y, en ocasiones cuando sobre el escenario se decidía a recuperar el legado del soul y cantar clásicos como “A Change is Gonna Come” (hey, cuarta versión de este tema en el blog!), se podía adivinar en su garganta todo lo sufrido, todo lo sentido, y disfrutar de una voz francamente inapelable. Y por ello lo cuelgo en este post:
Pos-post: Ike Turner murió hace muy poco. Y como se dice en un gran blog, siempre nos quedarán las Ikettes